- Esta jinotegana de pura cepa ha sido maestra de varias generaciones y actualmente es presidenta de Cantur, pero también trabaja en el Comité Pro Construcción de la carretera Matagalpa-Jinotega y de otros caminos internos de su ciudad
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Es armoniosa y dulce la voz de doña Élida del Carmen Jiménez Chavarría, pero adquiere más emoción y vehemencia cuando habla de su Jinotega natal. Acompaña sus palabras con el movimiento mesurado de sus manos y se encienden sus ojos de miel cuando habla de sus coterráneos, “la gente más noble, sencilla, sincera y hospitalaria del mundo entero”.
El amor al terruño es su punto de partida. “Soy hija de Bernardo Jiménez Madrigal, un ciudadano costarricense que se vio envuelto en las guerras del tiempo de Figueres. La suerte lo trajo a esta ciudad de la que se enamoró con pasión de colegial, aquí hizo su vida, aquí fundó su hogar y me contagió su amor por este pedacito de Patria”.
“Mi madre, Irene Chavarría González me trajo al mundo el 4 de diciembre de 1957, en mis tiempos de niña y adolescente lo más relevante eran las fiestas de la Cruz, en ese lapso florecía la ciudad con las carreras de cintas, un evento galante donde los muchachos mostraban su habilidad en la monta de caballos y competían entre sí para elegir a una reina o novia de la fiesta”.
LA SUBIDA AL CERRO
“La subida masiva a la cumbre del Cerro de La Cruz fue iniciativa del padre Eliar Pineda. Los jóvenes lo hacían cantando, riendo, chileando y gozando de eso, que más que devoción era un alegre paseo. El gozo estaba en llegar a la cumbre y contemplar desde ahí el paisaje divino de nuestra ciudad y el de las montañas verdes y azules que la rodean. Aquello era todo un acontecimiento.
Durante los años de la Revolución Sandinista hubo una variante, la juventud subía al cerro Chirrinagua a visitar la tumba del comandante Germán Pomares. Se cuenta que Pomares fue muerto por la guardia somocista cerca de ese cerro, en realidad no se visitaba una tumba sino el lugar donde Germán cayó luchando. Esa tradición se perdió.
¿Quién colocó esa cruz sobre el cerro?
La primera cruz la sembró, si no me equivoco, un fraile llamado Martín de la Cruz, los curas consideraban que los ritos que ofrecían los indígenas a sus dioses eran cosa de brujería y en sus sermones amenazaban con castigos infernales y con el fuego del purgatorio a nuestros antepasados. Sobre esos contrasentidos se forjó nuestra religión.
Pasadas las fiestas todos los jóvenes volvían a sus quehaceres habituales. En realidad en esos tiempos toda la actividad económica de la ciudad giraba en torno a la cosecha del café. Como no había televisión la diversión era el cine, los paseos, ir al parque, tomar un refresco y asistir a fiestas de cumpleaños. Ahora hay mejores oportunidades de diversión, los muchachos se entusiasman con la televisión, el Internet y tantas otras cosas que a diario van saliendo.
BRIGADISTA DEL GRUPO 80
¿Qué tipo de educación recibió?
Estudié mi primaria y parte de la secundaria en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús y me bachilleré en el Colegio La Salle. En ambos colegios me proporcionaron los valores morales necesarios para cimentar las bases cristianas que hoy tengo. Agradezco eso a las hermanas belemitas y a los religiosos de La Salle. Después inicié estudios de Trabajo Social en la UNAN que no pude terminar pues salí embarazada de mi primera hija, Jimena. Sin embargo, la universidad me dio la oportunidad de vivir los mejores años de mi vida cuando me integré al Grupo 80 de la Cruzada Nacional de Alfabetización. Ese Grupo 80 fue el primero que se organizó para, de manera experimental, poner en ejecución el método de la lecto-escritura como método de alfabetización. Los integrantes de ese grupo fuimos cuarenta maestros y cuarenta universitarios, por eso se llamó el Grupo 80. A mí me correspondió estar en una finca que se llama Comayca, adelante de Matagalpa, ahí estuve alfabetizando a seis obreros agrícolas. Para mí fue una experiencia maravillosa porque realmente yo nunca había convivido con la gente del campo, no sabía cómo vivían, qué problemas tenían, qué comían, cuáles eran sus costumbres. La Cruzada me enseñó cosas que nunca imaginé que existían y además me condujo a descubrir en mí una vocación para el magisterio que jamás pensé tener.Por esa razón la Cruzada cambió total y positivamente mi vida. Me volví a integrar a la UNAN-Estelí para sacar la carrera de Licenciada en Ciencias de la Educación. Posteriormente impartí clases de secundaria en varios centros de Jinotega y así pasé a ser dirigente magisterial, fungiendo ocho años como Secretaria General de ANDEN.
EnSEÑAR PARA APRENDER
Ya en el magisterio fue otra la experiencia y otro el aprendizaje. Como maestro uno piensa que su tarea es enseñar, que uno es el que sabe. Pero realmente no es así, el maestro aprende de la misma exigencia de los alumnos. Los alumnos son inquietos, precoces diría yo, preguntan y hay que darles respuestas honestas. No puede el maestro permanecer estancado en sus esquemas de enseñanza, hay que encontrar nuevas, mejores y acertadas respuestas. Ese es el reto del maestro.
Otra cosa importante para mí fue la convivencia con el magisterio, trabajé mucho con los maestros jubilados, con ellos me di cuenta que nadie reconoce la labor del maestro durante ni después de ella. Después de su vida útil el maestro jubilado es un ser olvidado. Debe el Ministerio de Educación tener políticas y procedimientos para que el maestro jubilado reciba el reconocimiento permanente de la sociedad y que se le dé el derecho de tener una vejez digna.
¿Y qué pasó después?
Llegó el momento que tuve que tomar una decisión: Continuar en el magisterio o apoyar a mi marido en este negocio. Me dolió mucho dejar el magisterio pero también estaba de por medio alcanzar cierto bienestar para mis hijos. Cierto que mis padres me han apoyado siempre, pero también yo ya era una mujer casada y con tres hijos. Lo que hice fue tratar de seguir la tradición de mis padres que nos habían enseñado a trabajar desde pequeños para salir avante en la vida.
EN LA CÁMARA DE COMERCIO
Me entregué pues a otro trabajo, manejar el restaurante que fundó mi padre, en el que aprendí a atender bien a los clientes, poseer ese mágico don de servicio. En ese ambiente y desde mi nueva situación empresarial fui presidenta de la Cámara de Comercio de Jinotega y esos años fueron muy importantes para ganarme un liderazgo entre la población, igual como lo había logrado en el magisterio.
Ya aquí otro fue el aprendizaje, aprender a identificarme con los problemas de mi departamento, el problema de la carretera, los problemas de energía, los problemas de los pequeños empresarios que realmente no tenemos una política de fomento a la pequeña y mediana empresa y por eso nos cuesta salir adelante. Todo eso me motivó a decir presente en la Cámara de Comercio y posteriormente en la Cámara de la Pequeña y Mediana Empresa Turística (Cantur) de Jinotega de la cual soy presidenta. He participado en diferentes instancias de concertación y de participación, he estado trabajando en el Comité Pro Construcción de la carretera Matagalpa-Jinotega y de otros caminos internos de Jinotega.
Me he puesto al frente de todo esto y realmente he logrado que otras personas participen en estas tareas, lo que es muy importante para nuestro departamento. Actualmente soy la presidenta del Consejo de Desarrollo Departamental de Jinotega.
CONTRA EL RADICALISMO POLÍTICO
El haber pasado de maestra a presidenta de la Cámara de Comercio alteró su manera de pensar.
Yo diría que no me ha cambiado sino que me ha proporcionado otro aprendizaje muy grande. Me di cuenta de que muchas oportunidades las perdió el Frente Sandinista por no haber aglutinado también a estos sectores, muy importantes para la nación. Se debió poner en práctica una política de mayor unidad nacional en lugar de una política de rechazo. El dogmatismo político, los radicalismos y el fundamentalismo cerrado obstaculizan enormemente la búsqueda de soluciones o salidas. Creo que la tolerancia es la llave para que los ciudadanos de este país nos lleguemos a entender. Aunque de alguna manera pensemos diferente, cada quien tiene un papel que jugar en esta sociedad y esto para mí ha sido otro aprendizaje.
¿No se transformó en una persona muy conservadora?
Yo considero que no, mis principios no han cambiado, siempre me considero una mujer revolucionaria. Creo que debe haber en el mundo una política de equidad entre los pueblos. No estoy de acuerdo con el tratamiento inhumano que dan las grandes potencias a los países pobres. Me parece que los debemos tener una actitud de mayor responsabilidad social. No pensar solamente en nuestros intereses, en las utilidades, sino por ejemplo, en el bienestar de nuestros empleados y de nuestra comunidad.
¿Cómo ha transcurrido su vida sentimental?
Tuve dos hijas como madre soltera y en ese estado afronté los retos más importantes en mi vida. Salí embarazada, siendo muy joven y dentro de la sociedad jinotegana eso era visto como un delito. Pienso que uno comete errores, a veces por la misma inocencia de la juventud o por curiosidad de adolescente. Pero eso no es delito, ni situación malsana y menos motivo de vergüenza y rechazo, sin embargo todos esos aspectos negativos me motivaron a luchar, a salir adelante y dar a mis hijas un buen ejemplo.