Vicente Padilla en medio de una controversia en la que el menos preocupado es él, precisamente, de acuerdo a lo que dice. (LA PRENSA/ CORTESÍA)

Padilla juega duro

[doap_box title=»Ni cobarde ni estúpido» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La actitud de Vicente Padilla no es ni cobarde ni estúpida. Es beisbol fuerte. Y ya era tiempo de que los Rangers comenzaran a jugar así. A Bob Feller le encantaba lanzar adentro. Don Drysdale y Bob Gibson tenían reputación de mantener a los bateadores flotando, también. Y […]

[doap_box title=»Ni cobarde ni estúpido» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La actitud de Vicente Padilla no es ni cobarde ni estúpida. Es beisbol fuerte. Y ya era tiempo de que los Rangers comenzaran a jugar así.

A Bob Feller le encantaba lanzar adentro. Don Drysdale y Bob Gibson tenían reputación de mantener a los bateadores flotando, también.

Y aún cuando pueda ser atrevido, permítame usar un último ejemplo: Nolan Ryan, el ex ranger, le gusta eso también. Y los Rangers tienen una estatua de él en centerfield. Y a Padilla lo tiran bajo las ruedas del bus.

Avergüéncese cada ranger que lo llamó tonto o egoísta. En el en el clubhouse debieron hablar privadamente con él, en lugar de llorar ante los medios.

Cualquier comparación con aventar a un camarógrafo o tirar una silla a la multitud, es absurda. Lo de Padilla se llama jugar fuerte al beisbol.

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Columnista pone dedo en la llaga

tomado del star-telegram

El tiempo para el juego se estaba aproximando, pero el hombre en el otro extremo de la línea telefónica no está preocupado.

“Tengo un poco de tiempo… esta noche”, dice Buck Showalter.

El manager de los Rangers, no está tratando de ser gracioso.

Los managers de Grandes Ligas no tienen la oportunidad de apelar sus suspensiones.

Cuando Showalter fue sentenciado con cuatro juegos, comenzando el jueves por la tarde, su única opción fue escoger qué silla deseaba en el clubhouse para ver la televisión.

Los Rangers van a estar sin su manager por cuatro juegos, el pitcher Vicente Padilla por cinco y el relevista Scott Felman, seis.

¿Enojado? No, Showalter no parecía enojado. Al contrario.

“Nuestro vuelo se estaba meciendo”, dijo el mentor sobre el avión fletado por el equipo para viajar a Detroit. “Nadie durmió”.

Showalter parecía sólo vagamente consciente de las violentas reacciones de su equipo en dos juegos ante los Ángeles.

Y ayer, cada quien tenía una opinión sobre Padilla y su erupción volcánica en el cuarto inning del martes. Dependiendo de lo que oyó o leyó, Padilla fue un cobarde, no tenía los mejores intereses de su equipo en su corazón, o algo así.

Dependiendo de lo que leyó o escuchó, los Rangers son unos estúpidos y poco profesionales. Showalter no puede controlarlos y Feldman actuó como un solitario y a alocado pistolero.

Usted también podría haber leído que los Ángeles no le tiran a golpear a los bateadores y que Mike Scioscia ayuda a las viejitas a cruzarse la calle.

Y si cree todo eso, está siendo demasiado ingenuo y santurrón para ver beisbol. Pruebe futbol.

El beisbol es bola recia. Un chico aprende a temprana edad, sin importar lo que su padre le diga, que el beisbol puede herir.

Esa verdad elemental, es parte de las políticas de fábrica del beisbol. Proporciona su separación de poderes o chequea su balance. Y el poder está en el pitcher, o debería estar ahí.

No sé qué había en la mente de Padilla porque él no habla, pero sus acciones dicen mucho.

Vladimir Guerrero ha estado inclinando la balanza contra los Rangers y Padilla le envió un mensaje para echarlo hacia atrás.

(Traducido por Edgard Rodríguez).

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