Los obispos de la Iglesia Católica de Nicaragua han dado a conocer una importante exhortación pastoral “en ocasión de las elecciones presidenciales y legislativas de 2006”.
Este documento de la Conferencia Episcopal de Nicaragua es oportuno, en cuanto a su coincidencia con la apertura oficial de la campaña electoral que comienza durante el fin de esta semana. Pero la exhortación es también una fuente de inspiración para todos los católicos que como ciudadanos están abocados a tomar una decisión política trascendental para cada uno de ellos, y para el país en términos generales; tan crucial como en las elecciones del 25 de febrero de 1990, cuando enfrentaron la disyuntiva de votar por la continuación del totalitarismo o por la apertura hacia la libertad y la democracia.
La Carta de los obispos expresa indudablemente el pensamiento colegiado de la Conferencia Episcopal y sus asesores religiosos y laicos. Sin embargo es fácil reconocer en dicho documento el liderazgo apostólico del Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes Solórzano, quien afronta el reto de orientar a la Iglesia Católica de Nicaragua ante la primera elección nacional que ocurre bajo su administración arzobispal. Y en este sentido, la Carta Pastoral viene a ser un excelente medio para el fortalecimiento del prestigio religioso y moral de la Iglesia, que ha sido afectado por la percepción de que su alta jerarquía —o algunos de los jerarcas— se ha identificado con posiciones políticas partidistas, y peor aún, con caudillos políticos asociados a la corrupción y al pactismo que han degradado la institucionalidad democrática de Nicaragua.
Todo el contenido de esta Carta Episcopal —que seguramente será distribuida masivamente el próximo domingo, durante las misas dominicales—, es de sumo interés y máxima importancia. Por lo tanto debería ser estudiada y asimilada integralmente por todos los católicos nicaragüenses, pero también por quienes no son católicos, pues la prudencia, sabiduría y sentido profético de este documento pastoral puede ser muy orientador para cualquier ciudadano que depositará su voto el próximo 5 de noviembre, independientemente de cuál sea su preferencia religiosa o su afiliación o simpatía política.
Aparte de eso, nos parece necesario llamar la atención en algunos aspectos específicos del documento episcopal, como por ejemplo la exhortación al deber del ciudadano de “discernir entre lo malo y lo bueno, entre lo bueno y lo mejor”, así como escoger a un candidato no sólo por lo que dice de sí mismo y por lo que promete, sino también “por su trayectoria, sus principios y capacidades de gobernante”. Además, es muy importante el llamado de atención que hace la Carta de los obispos, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a “abstenerse de participar en actividades partidistas en las que se manifieste la propia inclinación, lo cual desorientaría al pueblo que confía en nuestra postura respetuosa y objetiva”.
Al respecto tiene una significación excepcional la advertencia que los obispos hacen en su Carta, acerca de que “algunos políticos, en tiempos de campaña electoral, solicitan servicios religiosos comprometiendo a sacerdotes, religiosos y religiosas, y provocando confusión en nuestro pueblo creyente”. En realidad, no sólo en períodos electorales sino todo el tiempo algunos políticos que se creen muy listos, manipulan o tratan de manipular la religión y a la Iglesia Católica en particular, para beneficio de sus propios fines que muchas veces son contrarios a los valores religiosos. Inclusive en algunos casos hasta hacen chacota de la religión católica, mezclándola con ritos esotéricos y supuestamente mágicos, irrespetando y ofendiendo de esa manera los sentimientos de los auténticos cristianos.
Los políticos manipuladores seguirán invitando a la Iglesia Católica a inaugurar sus obras y bendecir sus actos de proselitismo. Por otro lado, también hay políticos que son sinceros creyentes y quieren de buena fe que sus actividades sean bendecidas por su iglesia y sus pastores. De manera que tal vez sería apropiado que el arzobispo Brenes y la Conferencia Episcopal crearan una especie de comisión pastoral de partidos políticos —así como hay pastorales para los enfermos y los presos—, a fin de que sea ésta la que atienda los requerimientos de los políticos, y no los máximos representantes de la Iglesia Católica de Nicaragua quienes de ninguna manera deben permitir que los pongan en entredicho.