Los frecuentes y prolongados apagones —que son la manifestación más “visible” y sensible de la aguda crisis energética que sufre el país actualmente— están causando considerables perjuicios económicos al país y graves daños materiales e inclusive emocionales a las personas en particular.
Como es bien sabido, los daños y perjuicios que causan los apagones van desde la molestia de pasar la noche o parte de ella en la oscuridad, muchas veces teniendo que atender a enfermos o bebés y siempre sufriendo el agobiante calor; pasan por la pérdida en los hogares y expendios comerciales de alimentos y otros productos que requieren refrigeración, y los ingresos que dejan de percibir los pequeños negocios que no pueden operar por falta de electricidad; y llegan hasta los enormes perjuicios que en términos generales causan a la economía nacional.
En realidad, es muy grave el daño que los apagones causan al potencial y la expectativa de desarrollo económico del país. No hace falta tener mayor conocimiento de economía para saber que el desarrollo económico requiere de energía barata y sin subsidios que aumentan por fuerza la carga de los contribuyentes. Además, la energía tiene que ser constante, o sea sin cortes ni racionamientos. También debe ser de buena calidad, lo cual quiere decir sin subidas y bajones de voltaje que dañan las máquinas de trabajo e instrumentos de producción.
Por otra parte, aún en el caso de que la energía resulte cara por la razón que sea, lo importante es que la haya y que sea constante y de buena calidad. De todas maneras, como se suele decir correctamente la energía más cara es la que no se tiene, porque sin ella es imposible desarrollar el país y mejorar las condiciones de vida de la gente. De manera que ante la tremenda crisis energética que sufre actualmente el país podríamos estar diciendo adiós a las posibilidades de desarrollo económico nacional, pues al parecer es prácticamente imposible resolver este problema, ni siquiera en el mediano plazo.
Ahora bien, de la crisis energética se culpa a los altos precios del petróleo, sobre todo porque casi toda la electricidad que consume el país se genera a base de derivados del petróleo. Pero también se culpa a la privatización del sector eléctrico que se llevó a cabo hace unos cuantos años, precisamente durante el gobierno de Arnoldo Alemán que dejó una muy mala fama de corrupto y coimero.
Sin embargo, el incremento en el precio del petróleo no es justificación para no producir suficiente energía eléctrica. Si el precio del petróleo sube, pues se aumenta también el de la electricidad, aunque se eleven los costos de producción en general, mientras se impulsan —pero de verdad— los proyectos de generación de fuentes alternativas. Pero de ninguna manera se debe reducir la generación eléctrica, salvo por problemas técnicos de las plantas generadoras pero en este caso la distribuidora debe compensar el déficit de energía comprándola en los países vecinos. El sector eléctrico es privado, opera con criterios comerciales y de acuerdo con éstos se deben resolver sus problemas.
Cabe señalar al respecto que la privatización del sector eléctrico era para mejorarlo, en beneficio de los consumidores domésticos y comerciales, y en provecho del país en términos generales. Y si la privatización no se tramitó en forma correcta —desde el punto de vista legal y ético—, las autoridades correspondientes deberían revisarla y corregirla en lo que sea necesario, o anularla si eso fuese necesario en último caso. Ninguna privatización hecha en condiciones irregulares o deshonestas, puede ser intocable. ¿Acaso no son requisitos esenciales de la globalización la transparencia y el rechazo a cualquier forma de corrupción, gubernamental y empresarial?
En fin, las autoridades gubernamentales tienen que buscar cómo resolver —o al menos aliviar— el grave problema de la crisis energética. Y deberían comenzar por lo más sencillo, o sea impidiendo que se siga obligando a la gente a pagar por una energía que no consume, puesto que las facturas siguen llegando a los usuarios como si no hubiesen apagones y más bien hubieran consumido más electricidad.
Los usuarios del mal servicio eléctrico no tienen por qué subsidiar en ninguna forma a Unión Fenosa ni a ninguna otra empresa del sector energético.