Disidencias y vigencia del pacto

Según el Diccionario de la Real Academia Española, disidir es “separarse de la común doctrina, creencia o conducta”. Algunos mantienen su disidencia sólo a nivel intelectual. Otros, la llevan a un nivel práctico. En todo caso, la disidencia sólo es posible para individuos con criterios y convicciones firmes.

La disidencia como concepto político cobró gran notoriedad a nivel internacional, en la época del comunismo soviético, particularmente a partir de las sangrientas purgas estalinistas que ocurrieron en los años treinta del siglo XX recién pasado.

Disidentes se llamó específicamente a las personas que pertenecieron al Partido Comunista y al Estado soviético, pero disintieron y se separaron de estos ante todo por repudio a los crímenes cometidos por el sistema comunista. Y se les llamó disidentes para diferenciarlos de los otros opositores al comunismo, que lo rechazaron desde antes de que se impusiera por medio de la fuerza y lo siguieron combatiendo posteriormente.

Entre los disidentes más famosos del régimen comunista soviético se puede recordar fácilmente a eminentes personalidades, como el científico Andrei Sájarov y el literato Alexander Solzhenitzin. En Cuba comunista fueron o son disidentes antiguos combatientes revolucionarios como Eloy Gutiérrez Menoyo y Hubert Matos, así como Aníbal Escalante quien era dirigente del Partido Socialista Popular (PSP), como se llamaba el partido comunista que se fusionó con el Movimiento 26 de Julio, de Fidel Castro.

Pero las disidencias no se ocurren sólo en los partidos comunistas e izquierdistas en general, sino también en los partidos autoritarios de derecha. Y respecto a las disidencias políticas en Nicaragua cabe señalar las que han tenido lugar en el marco de la actual campaña electoral. Por supuesto que nos referimos a las disidencias de principios, serias y respetables, no al transfuguismo y el chaqueterismo como se le llama al vulgar cambio de bando partidario y casilla electoral en busca del mejor beneficio personal, que mucho se está acostumbrando ahora en la degradada política nicaragüense.

Verdaderos disidentes parecen ser Eduardo Montealegre, del PLC, y el recientemente fallecido Herty Lewites, del FSLN. El primero denunció el caudillismo y la corrupción de Arnoldo Alemán y junto con un sector importante del PLC formó un nuevo partido (ALN). El segundo (Herty Lewites) disidió del FSLN por el autoritarismo y el pacto de corrupción entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, y apoyado por un grupo de cuadros históricos del FSLN se reagrupó en el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), que fue fundado a mediados de los años noventa por otros disidentes sandinistas. Y la bandera de Lewites fue recogida, como se sabe, por otro disidente sandinista, Edmundo Jarquín, quien fuera funcionario gubernamental y diputado a la Asamblea Nacional por el FSLN, pero se desligó del orteguismo y levanta ahora la posición de izquierda democrática.

En contraste con esas disidencias, el candidato presidencial del PLC, doctor José Rizo, lo mismo que su compañero de fórmula, doctor José Antonio Alvarado, más bien regresaron a las filas del PLC que sigue siendo mangoneado de manera evidente por Arnoldo Alemán y su camarilla. De manera que aunque los candidatos del PLC se dicen independientes respecto del caudillo pactista de su partido, en realidad no han roto con él y al parecer no se atreverán a romper en ningún momento.

El mismo Alemán acaba de reiterar que está retirado de esta contienda electoral pero no de la política y mucho menos del PLC, en cuyas reuniones de dirección participa de manera ostensiblemente hegemónica. Más claro no canta un gallo. Alemán y su familia son y seguirán siendo el poder tras el trono en el PLC. El doctor José Rizo, quien a título personal es sin duda una persona honorable, sin embargo no es un disidente del máximo líder del PLC, más bien representa su continuidad y tiene por lo tanto que cargar con el pesado lastre de descrédito del liberalismo arnoldista y neo somocista ante amplios sectores de la población democrática de Nicaragua.

En realidad, de múltiples maneras el pacto sigue vigente, y entre el FSLN y el PLC no hay contradicciones de fondo, sólo de forma.

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