Agazapados por táctica electoral

Como por arte de magia, los paros de los transportistas y de Fetsalud, así como la guerra de los universitarios sandinistas contra la Policía, se han suspendido. Esto notorio pero nada sorprendente. Las elecciones están a las puertas y sin duda que los dirigentes y activistas del sandinismo orteguista han recibido instrucciones de los mandos superiores para guardar los morteros, las bombas y las piedras y desempolvar las banderas azul y blanco y rosadas. Llegó la hora de afinar el discurso de paz y «reconciliación». Es conveniente esconder en el closet la violencia, el odio de clases y el caos. La presión hacia el gobierno de turno ha perdido sentido porque sus días están contados y más bien hay que deshacer los adefesios jurídicos «coyunturales» para ganar puntos. Es la hora del circo, de la demagogia, de la hipocresía. Pero los nicaragüenses ya somos expertos en este tipo de montajes. Los hemos estado viendo desde que el sandinismo perdió el poder hace 16 años.

En 1993, el desaparecido poeta y periodista don Pablo Antonio Cuadra, escribió un artículo refiriéndose a este mismo asunto durante el gobierno de doña Violeta de Chamorro y advirtió del peligro de hacer concesiones a la política de chantaje: «Por donde se pasa y con quien se hable, se oye la frase de alivio: ¡por fin se solucionó el problema! Como quien dice: ¡por fin se apagó el incendio! Quizá con esa fatídica falta de memoria que padece, el nicaragüense haga sus cuentas y piense: «Por lo menos no se quemó toda la casa; perdimos treinta millones cada día pero ¡qué alivio! Ya se solucionó el problema. Diciendo o pensando esto, un pequeño diablo cojuelo nos puede tocar el brazo y decirnos: «señor nicaragüense, mire hacia atrás. Es verdad que la casa incendiada esta semana pudo apagarse antes de que se consumiera totalmente, pero ¡mire hacia atrás!» Y el nicaragüense mira hacia atrás y ve una hilera de cien, de doscientas o más casas quemadas, una tras otra, desde la misma semana en que subió doña Violeta al poder hasta hoy, semana a semana, mes a mes: conflicto solucionado, conflicto comenzado; incendio apagado, incendio que vuele a encenderse; acto terrorista que se soluciona (o que se cree solucionar con impunidad o amnistía) y no pasa un mes o no pasan quince días sin que otro acto estalle con el mismo cinismo criminal en su preparación y con la misma inmoral impunidad en su solución… si se le da tarjeta de crédito (al Frente Sandinista) lo que estaremos haciendo de él es un monstruo injertado en la vida ciudadana que no nos dejará nunca escalar la vida honrada y civilizada, mi tener crédito y confianza internacionales».

Han pasado trece años desde que estas palabras fueron dichas por el antiguo director de LA PRENSA pero tienen permanente vigencia, sobre todo a partir del pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán quien, para librarse de La Modelo no dudó en darle al sandinismo la tarjeta de crédito de que hablaba con visión profética el poeta Pablo Antonio. Lo que se produjo fue un monstruo de dos cabezas que controla todos los poderes del Estado excepto el Ejecutivo. Y, como los pactistas saben que no pueden ganarlo en elecciones libres, hicieron el intento de repartírselo cercenándole funciones por medio de las fatídicas Reformas Constitucionales y pasándolas al Poder Legislativo en el que ellos hacen y deshacen, por ahora.

El ataque de estos caudillos de la política criolla se concentra ahora en quienes pueden hacer que las cosas cambien para Nicaragua. El Movimiento Renovador Sandinista y la Alianza Liberal Nicaragüense están conformados por disidentes que tuvieron suficiente coraje político para separase de la corrupción, del autoritarismo y del caudillismo. Ambas son alternativas que marcan alto en la preferencia de los nicaragüenses. De ahí el feroz ataque del orteguismo hacia el fallecido Herty Lewites y por eso el show montado ahora por los diputados arnoldistas contra Eduardo Montealegre.

Seguramente después de las próximas elecciones, los extremistas volverán a la carga en su intento de «gobernar desde abajo» y de mantener viva e impune la corrupción. Sin embargo, esperamos que los ciudadanos tengan la sabiduría de derrotarlos en las urnas y no volver a darles la mayoría en el Parlamento.

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