- A punto de cumplir 80 años, y tras 47 en el poder, Fidel Castro ha dejado colocadas las fichas en un primer escenario sin él, que sirve para despejar algunas incógnitas, al menos, sobre el panorama inmediato que se puede llegar a presentar el día en que abandone definitivamente el poder
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EFE-Reportajes
NOVENA Y ÚLTIMA ENTREGA
Una repentina operación intestinal anunciada el 31 de julio, llevó a Fidel Castro a establecer un mecanismo alternativo de gobierno en el que su hermano Raúl asume, junto a otros seis hombres de confianza del gobernante, el protagonismo en la dirección de la revolución.
Aunque la cesión de poderes es temporal y está supeditada al momento de su restablecimiento, la sucesión de acontecimientos ha permitido llevar a la práctica un ensayo general de una Cuba post-Fidel y activar los resortes para cumplir el sueño del Comandante en Jefe de perpetuar la revolución en la isla tras su muerte.
La afección del líder de la revolución y la posterior delegación de funciones en el gobierno puso colofón además a los preparativos que desde hace varios meses se venían produciendo en la dirección del país y que el propio Fidel Castro dejó abiertos.
“Estaré con ustedes, si así lo desean, mientras tenga conciencia de que pueda ser útil, y si antes no lo decide la propia naturaleza, ni un minuto antes, ni un segundo más”, anunció Castro en marzo de 2003. “Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida”, agregó entonces, durante un discurso en la Asamblea Nacional del Poder Popular (el Parlamento unicameral cubano) en el que insistió en el “carácter irrevocable del socialismo” en Cuba.
Pocos esperaban matizaciones sobre esta delicada cuestión, pero Castro sorprendió a propios y extraños el pasado noviembre, cuando él mismo alentó el proceso sobre cómo garantizar el socialismo en Cuba en el futuro.
“Los únicos que podemos destruir esta revolución somos nosotros mismos”, dijo durante un discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, el mismo escenario que eligió en 1968 para anunciar lo que llamó “Gran ofensiva revolucionaria”, para profundizar en la revolución.
La carga simbólica estaba asegurada.
El encargado de ahondar en el proceso fue el canciller, Felipe Pérez Roque, una de las figuras que disfrutan de mayor confianza dentro del reducido grupo cercano al líder cubano.
TRES PREMISAS DE CONSERVACIÓN DEL RÉGIMEN
En diciembre, durante la clausura de la Asamblea Nacional de Poder Popular (parlamento cubano), Pérez Roque planteó tres premisas destinadas a salvar la revolución cuando la muerte de Castro “deje el hueco que nadie puede llenar y que tendremos que llenar entre todos como pueblo”.
Las tres premisas se resumen en buscar una autoridad emanada del ejemplo personal, conservar el apoyo del pueblo basado en la convicción y no en el consumo material, y no permitir que resurja una clase propietaria.
Las cuestiones internas de gobierno siguen siendo un tema tabú en Cuba, aunque muchos analistas creen que el abultado Consejo de Ministros cubano, compuesto por 54 personas, no tiene tanto peso como el reducido círculo de personas que despacha habitualmente con Castro.
Muy pocos son los componentes de este círculo en el que, por supuesto, está Raúl Castro, hermano menor del líder cubano, segundo hombre del régimen, primer vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), segundo secretario del Partido Comunista de Cuba y sucesor legal y designado de Castro.
La Constitución cubana establece que el Primer Vicepresidente asumirá las funciones del Presidente en caso de ausencia, enfermedad o muerte, y Castro ha anunciado públicamente en varias ocasiones que su hermano, arropado por las nuevas generaciones, se encargaría de asegurar el futuro de la revolución socialista en Cuba en caso necesario.
En uno de los últimos libros sobre Castro aparecidos en el mercado, Cien horas con Fidel, firmado por el periodista francés Ignacio Ramonet, el líder cubano expresa su convicción de que, en caso de su muerte, el Parlamento elegiría “con toda seguridad” a Raúl para tomar las riendas del país.
La decisión de Fidel Castro de otorgar a su hermano las responsabilidades al frente de los Consejos de Estado y de Ministros; de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y las funciones de primer secretario del Partido Comunista confirman el peso de Raúl en un panorama post-Castro.
No obstante, reconoce que, dada la avanzada edad de su hermano, que acaba de cumplir 75 años, las nuevas generaciones jugarían un papel fundamental para apoyar a Raúl en la tarea de mantener la revolución en Cuba.
Muy próximo a esas nuevas generaciones está Pérez Roque, de 40 años, que fue secretario personal de Castro y ha lidiado en muchas plazas de todo el mundo defendiendo los principios de la revolución.
En el círculo más cercano al presidente estarían además, según analistas cubanos, el vicepresidente Carlos Lage, que también ha defendido los principios de la revolución en todo el mundo, y el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, ex embajador en la ONU y experto en política estadounidense.
Más joven que todos ellos, y más cercano todavía a Castro, es su secretario personal, Carlos Manuel Valenciaga, “Carlitos”, como se le conoce en círculos próximos a Fidel.
Valenciaga es la sombra de Castro. No hay evento al que no asista y no hay lugar en el que no se encuentre. Siempre al quite, fue el encargado de leer la proclama en la que se establecía el gobierno temporal en la isla firmada personalmente por Fidel Castro.
Otto Rivero, ex secretario de las Juventudes Comunistas y encargado ahora de la “Batalla de Ideas”, un ambicioso proyecto del líder cubano para impulsar los valores de la revolución que abarca todo tipo de actividades, es otro joven valor próximo al presidente.
Junto a ellos, otras figuras claves para el país, como el presidente del Banco de Cuba, Francisco Soberón; el dirigente comunista José Ramón Machado Ventura y José Ramón Balaguer, el actual ministro de Salud, entre otros conocidos colaboradores de Castro de la “vieja guardia”.
Lage, Pérez Roque, Soberón, Machado Ventura, Balaguer y Esteban Lazo, miembro del Buró Político del Partido comunista de Cuba, fueron los elegidos para acompañar a Raúl Castro en la dirección del país en ausencia de Fidel Castro.
Este círculo cercano será fundamental, opinan observadores occidentales, para el proceso de concienciación sobre el futuro de la revolución en Cuba.
A la sombra de la revolución se han criado tres generaciones de cubanos desde enero de 1959. La cuarta, según Castro, tendrá la palabra definitiva.
“Ya son unas generaciones las que van a sustituir a las otras”, apunta el líder cubano en el libro “Cien horas con Fidel”.
FORTALECER EL PARTIDO
Más allá del problema generacional, el proceso se está orientando hacia el fortalecimiento del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único partido del país y la “fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, según la Constitución cubana de 1976.
“El Partido Comunista tendrá cada vez más influencia y más poder en el socialismo de Cuba”, dijo en abril el ministro de Cultura, Abel Prieto, durante un debate sobre el futuro del socialismo.
“Si en este momento este país no tiene un partido fuerte, muy unido y al mismo tiempo conectado con la gente, estamos liquidados”, agregó el ministro.
Precisamente en abril, el buró político del Partido Comunista de Cuba acordó restablecer el Secretariado del organismo, eliminado en 1991, un órgano auxiliar encargado de velar por “la correcta aplicación de la política de cuadros tanto del propio Partido como de las demás instituciones de nuestra sociedad”.
El Partido debe prepararse para responder a las nuevas exigencias tras superar el llamado Periodo Especial, en el que se sumió el país tras la caída del bloque soviético, en 1989, apuntó un comunicado oficial.
Además, debe “ejercer una mayor influencia y elevar su papel de dirección” para lograr la “participación plena” del pueblo “en las tareas de la construcción del socialismo” y en la lucha contra “todo lo que tienda a lesionar, retrasar o impedir el desarrollo de la obra de la Revolución”.
Por tanto, “cada vez será más intenso y coordinado el enfrentamiento a las manifestaciones de indisciplina, corrupción y negligencia, entre otras actitudes negativas”.