En Chicago
La primera parada de LA PRENSA en esta gira por las Grandes Ligas fue en Chicago, la ciudad de los vientos, considerada aún el centro del transporte, las finanzas y la arquitectura en Estados Unidos.
Pero Chicago es también la casa de los Bulls, de los Cachorros y, por supuesto, de los actuales campeones mundiales, los Medias Blancas, la tropa que Ozzie Guillén logró catalizar y que escapó a 87 años de mediocridad, tras imponerse a los Astros en el Clásico de octubre.
La “maldición” de los Medias Blancas, que no ganaban un cetro desde 1917, era peor que la de Boston o Cachorros. Ni siquiera se mencionaba. Se debatían en el anonimato, mientras cargaban con el color de los “Medias Negras”, el club que vendió la Serie Mundial de 1919 a los Rojos, en uno de los actos más vergonzosos que la historia recuerde.
Pero Guillén cambió la mentalidad del equipo, modificó su estructura y armó una tropa que impulsada por su estoica afición, se deshizo de Boston, California y Houston para tocar el cielo de la gloria deportiva.
En Chicago se vive un ambiente festivo. Y el beisbol pasa por todas las arterias de la ciudad. Es muy común ver los carteles con enormes fotos de Guillén, el héroe de la ciudad, Jim Thome, el gran cañón adquirido este año o cualquiera de sus otros “ases”, que mantienen al equipo en pie de guerra.
El equipo, históricamente perdedor, tiene a la ciudad de los vientos enloquecida, mientras persigue a Detroit, el sorpresivo conjunto que trata de arrebatarles su reinado.
Arlington
Lo primero que uno recibe en Dallas Fort Worth, es una calurosa bienvenida. Literalmente. El calor es tipo Chinandega, pero con mayor presión. Sin embargo, ese elemento es uno de los grandes aliados de Vicente Padilla, quien se siente como en su casa ahí. Al menos mejor que en el frío de Filadelfia.
Padilla y los Rangers viven realmente en Arlington, situada a unos 35 minutos de Dallas. Al igual que en Chicago hasta antes del 2005, la historia de los Rangers es de más reveses que victorias, pero el entusiasmo es enorme y el Ameriquest Field está casi siempre lleno a reventar.
La gerencia de los Rangers se ha mantenido en constante movimiento tratando de darle balance a un equipo que ha tenido siempre reputación de bateador. Y los aficionados esperan que las piezas calcen pronto. De lo contrario, será un año más de frustraciones.
El Ameriques Field es una joya arquitectónica que suele vibrar al ritmo de sus aficionados, acostumbrados a ver el desempeño individual de astros como Nolan Ryan o Ferguson Jenskins, pero aún ávidos de una tropa ganadora que les permita emocionarse más allá de septiembre.
En Arlington están las camionetonas y los aficionados con sombrero y botas vaqueras. La barbacoa y las cervezas, pero sobre todo la esperanza en un plantel que Buck Showalter intenta guiar por la ruta de los triunfos.
Aquí nos encontramos con Jeff Evans, un amable jefe de Relaciones Públicas de los Rangers, quien en todo momento trató de facilitarnos el trabajo. Ahí pudimos hablar con Padilla, el manager Showalter y coaches como Mark Connor o Ruddy Jaramillo, el gurú de los instructores de bateo.
Pero Arlington es, sobre todo, la nueva casa de Padilla, quien se siente cómodo y no propiamente por el calor que le recuerda a su natal Chinandega, sino porque ha encontrado un ambiente donde se la ha dado confianza y se le respeta.
A Houston
Al fin pudimos saldar una deuda pendiente con un nica de los que más se ha esforzado por situar a nuestro país en la geografía deportiva mundial: René “El Chelito” Cárdenas.
Cárdenas está ahora en el retiro, pero durante más de cuarenta años fue la voz oficial en español de los Dodgers de Los Ángeles, y con una carrera tan destacada, siempre tiene consejos que dar para los nuevos aspirantes a periodistas y locutores.
Pero además de charlar con René y su esposa, también conocimos el espectacular Munite Maid Park, la casa de los Astros, que se dio el lujo de suplantar al otrora sensacional Astrodome, considerado en su momento, por su techo, aire acondicionado y todas sus comodidades internas, como la octava maravilla del mundo.
El Minute Maid es mejor. Más moderno y vistoso, pero tiene además una fanaticada que con su presencia trata de sacar a los Astros del hoyo y llevarlos a recuperar la magia de la campaña pasada, cuando incluso, pasaron sobre los Bravos y Cardenales, antes de ir a tropezar con los Medias Blancas en una Serie Mundial de un solo lado.
El balance
Poder conversar con José Ariel Contreras, conocer a su familia; poder encontrarme y hablar largo y tendido con Vicente Padilla, Ozzie Guillén, Buck Showalter, Mariano Rivera, Phil Gardner y Cheo Cruz, entre otros personajes del beisbol de las Grandes Ligas, fue una experiencia muy especial, pero sobre todo se trató de un esfuerzo de LA PRENSA por situarse cada vez más cerca de las necesidades de sus lectores.
Me impresionó la sencillez y la amabilidad de Mariano, lo mismo que el respeto que te expresa por el trabajo Showalter. “Si vienes desde Nicaragua tengo que tener tiempo para tí”, me dijo aún cuando el partido estaba próximo a comenzar.
De igual forma fue reconfortante poder hablar con Padilla, un hombre que suele ser de muy pocas palabras, pero que nos mostró buena parte de su interior en una amena y amplia conversación que hemos publicado en varias entregas.
Y como de acuerdo a la Biblia, siempre “hay un tiempo para cada cosa”, al final de la jornada me di una vuelta por la iglesia Lakewood, en Houston, y pude hablar con su pastor, Marcos Witt, el célebre compositor de Enciende una Luz.
En el Minute Maid me encantó encontrar un espacio reservado con una placa para LA PRENSA, algo que se ha conseguido gracias a René “El Chelito” Cárdenas.