STANLEY CAYASSO es un ejemplo a seguir en el beisbol nacional. (la prensa/ archivo)

CAYASSO, ESE viejo ROBLE

Hace 20 años falleció quien fue temido y admirado como bateador [doap_box title=»Un ejemplo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Stanley Cayasso nunca bajó los brazos ni se contentó con solamente ser bueno. Siempre consideró que había tiempo para fajarse, ir más allá y forzar proezas. Dueño de una disciplina sin mancha graficada en su ética de trabajo, Cayasso […]

  • Hace 20 años falleció quien fue temido y admirado como bateador
[doap_box title=»Un ejemplo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Stanley Cayasso nunca bajó los brazos ni se contentó con solamente ser bueno.

Siempre consideró que había tiempo para fajarse, ir más allá y forzar proezas.

Dueño de una disciplina sin mancha graficada en su ética de trabajo, Cayasso dejó huellas indestructibles sobre las que deberían tratar de caminar las nuevas generaciones de peloteros.

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Hay un profundo respeto y una inmensa admiración al recordar a Stanley Cayasso, como pelotero y como persona.

Al momento de morir el 4 de agosto de 1986, Rubén hubiera dicho: ‘Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán’.

Fue Cayasso, en aquellos tiempos, durante la primera mitad del siglo pasado, nuestro Babe Ruth, y nuestro Lou Gehrig. Se le conocía como “El Caballo de Hierro”, precisamente por esa consistencia impresionante que caracterizó a Gehrig.

No tengo imágenes de él funcionando ofensivamente en el disco duro de mi memoria, porque cuando yo comenzaba a crecer él se iba del escenario como jugador, pero lo conocí como entrenador y como manager, y en una de sus últimas entrevistas para el programa Doble Play, me aclaró que el error de Juan Manuel Vallecillo frente a Colombia en la Serie Mundial de 1947, nunca ocurrió en el último inning.

Me sorprendió la reconstrucción que hizo de ese juego, lo que obligó a sumergirme en una investigación, sólo para comprobar su señalamiento. Fue como si le incomodara la circulación de una distorsión de ese tamaño.

Era un pelotero completo, como Ruth. Lanzaba, bateaba y fildeaba. Esa utilidad múltiple fue puesta sobre el tapete en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1935 en El Salvador.

Se convirtió en un símbolo para nuestro beisbol. Todos querían ser como él, conscientes de que ese intento constituía un reto mayúsculo.

“Estoy seguro de que Cayasso hubiera lucido inmenso en cualquier liga”, me dijo una vez en Cuba, Conrado Marrero, quien trabajó contra él en Series Mundiales amateurs, y todavía tuvo tiempo para lanzar en nuestro beisbol profesional.

Y agregó: “Es el mejor pelotero nicaragüense que yo he visto”. Algo de un enorme significado.

Atleta sin vicios, Cayasso supo sacarle el máximo provecho a su gama de facultades, y mostrar todo su potencial.

En 1939, en el Estadio La Tropical, de La Habana, Cayasso conectó el primer jonrón nica en Series Mundiales y terminó bateando para 333 puntos con 7 hits en 21 turnos.

Su actuación en 1940, año en que Nicaragua derrotó por vez primera a Cuba, fue muy llamativa. Registró un promedio de 413, y resultó líder en hits con 19. Sin embargo, fue superado por Jonathan Robinson, campeón bate con 444 puntos.

En 1947, cuando Nicaragua le peleó a Colombia y Puerto Rico el título de la Serie Mundial, Cayasso impulsó 12 carreras, antes de ser afectado por el contagio y derrumbarse en casa en 1948, limitado a 105 puntos.

Jonroneó contra Estados Unidos en los Panamericanos de Buenos Aires en 1951, y ese mismo año, en la Serie que se efectuó en México, no se ponchó en 39 turnos. A la defensiva, no cometió error en 103 lances, y se extendió hasta 209 en una racha de 20 juegos sin error en estos clásicos.

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