- El dolor de una quemadura llega hasta el alma por las cicatrices y secuelas que deja en los afectados. En Nicaragua gran parte de las víctimas son niños menores de cinco años, pero en el Hospital Metropolitano Vivian Pellas un grupo de médicos trabaja para atenuar el impacto de estas tragedias
[/doap_box]
Roja como un tomate maduro. A veces así se ve casi toda la cara del pequeño de 21 meses, Oscar Dávila. Su angustioso llanto y las transparentes y ralas secreciones que salen de su nariz no dejan dudas de que no está bien de salud.
Hace una semana la innata curiosidad que tienen los infantes como él, ayudada por un descuido involuntario de su madre, se confabularon para que su rostro y parte de su brazo derecho fueran bañados no de agua, sino de aceite caliente.
Junto a la cuna donde ha permanecido el niño desde el sábado —en uno de los cuartos de la Unidad de Quemados del Hospital Metropolitano Vivian Pellas, de Managua— Argentina Lacayo, su madre, una joven de 21 años, recuerda con precisión milimétrica todos los detalles de esa nefasta y quizás inolvidable tarde.
“Había freído queso para cenar, a Oscar le di un trozo y luego me dirigí al interior de la casa a buscar pan. El aceite caliente lo dejé en una panita y al parecer el niño la jaló de la mesa donde estaba, yo salí cuando escuché sus gritos”, dijo Lacayo quien habita en el capitalino municipio de Mateare.
El resultado de esta travesura: quemaduras de segundo grado en el diez por ciento de su tierno cuerpo.
POR DESCUIDO
Según la Asociación Pro Niños Quemados de Nicaragua (Aproquen) el setenta por ciento de los niños quemados son menores de cinco años y se ven involucrados en este tipo de accidentes por desconocimiento y descuido de sus padres.
El agua, aceite y otras sustancias calientes como sopa, más la basura incendiada, son las principales causas de las quemaduras en niños.
“Nunca imaginé que fuera a ocurrirme esta tragedia”, dice con aparente resignación la madre de Oscar. Para paliar un poco su aflicción los médicos han expresado que las quemaduras dejarán pocas marcas en el cuerpo de su hijo siempre y cuando cumpla con el proceso de rehabilitación ordenado.
ATENCIÓN GRATUITA
La doctora Ivette Icaza, responsable de la Sala de Rehabilitación y además administradora de la Unidad de Quemados del Hospital Metropolitano, dice con aplomo y orgullo que al igual que el pequeño de Mateare cualquier niño menor de 15 años que resulte con quemaduras aquí recibirá atención de calidad y gratuita. El niño nicaragüense quemado en promedio es pobre.
La Unidad de Quemados fue ideada y convertida en realidad por la presidenta de Aproquen, Vivian Pellas, quien conoce con autoridad los padecimientos de una persona expuesta a las llamas, pues resultó con su cuerpo quemado al sobrevivir a un accidente aéreo la mañana del 21 de octubre de 1989 en suelo hondureño.
La unidad fue inaugurada en el 2003 y se estima que el costo de su construcción superó con facilidad los dos millones de dólares y en la actualidad, para su mantenimiento, se necesitan cada año al menos un millón 200 mil dólares.
ATENCIÓN INTEGRAL
La doctora Icaza cuenta que 42 especialistas entre cirujanos, pediatras, fisiatras, sicólogos, enfermeras, entre otros, se distribuyen el trabajo en la Unidad de Quemados que abarca unos 800 metros del hospital y que cuenta con 13 camas distribuidas en cuatro cuartos. El trabajo de ellos consiste en curar y hacer menos visible las secuelas físicas y sicológicas de los niños con quemaduras.
Añade que esta unidad es la primera en Centroamérica y una de las pocas de Latinoamérica que ofrecen una atención integral de calidad y a la vez gratuita. A manera de ejemplo aseguró que sólo los ventiladores de la Sala de Cuidados Intensivos, compuesta por dos cuartos, están valorados en más de 30,000 dólares.
“Aproquen tiene atención para el quemado agudo que es el niño recién quemado, realiza cirugía reconstructiva necesaria en el niño que se quemó hace algún tiempo y presenta defectos; ofrecemos la rehabilitación física con ortesis que incluye mallas, máscaras de uvex y férulas. Hay atención sicológica para el niño y la familia porque siempre queda un sentido de culpabilidad en los padres”, aseguró la doctora Icaza.
elaboración propia
Otra de las novedades de la Unidad de Quemados es que las máscaras, férulas y mallas son elaboradas por los mismos trabajadores capacitados en este tipo de técnicas. Los materiales son los únicos que se compran en el extranjero o algunos organismos los donan a Aproquen.
Una máscara como la que tendrá que usar el pequeño Oscar cuesta en el extranjero no menos de 400 dólares, pero doña Argentina —su madre— la obtendrá de forma gratuita.
Las técnicas de ortesis, es decir todo aditamento que se coloca sobre el cuerpo humano, se usan para que ejerzan presión sobre la cicatriz la cual crece cuando más sangre recibe. Al haber presión la sangre no llega al área afectada y la posibilidad de disminuir o no permitir la formación de un queloide son muchas.
“Si hay necesidad de ponerle esas cosas a mi hijo lo haré, con tal que quede bien”, indicó Argentina Lacayo.
Para curar o colocar estos dispositivos los médicos aplican sedantes a los niños. La idea es evitarle otro trauma, igual o peor que el sufrido cuando se quemaron.