Querido Padre Alberto:
El motivo de esta carta es pedirle orientación acerca de mi noviazgo.
Soy una mujer de 28 años, mantengo un noviazgo con un hombre de 31 desde hace casi cuatro. Soy licenciada en administración de empresas y actualmente tengo un buen trabajo.
Mi novio estudió la misma carrera, pero no ha encontrado empleo. Desde hace tiempo pensamos casarnos, pero como mi novio no encuentra empleo evadimos el tema del matrimonio.
Toda mi familia es católica y yo estoy bien involucrada en mi iglesia y comunidad de fe. Mi novio no asiste a ninguna iglesia, pero su familia es bautista.
Hacía tiempo que no hablábamos del tema del matrimonio, pero ayer lo hicimos. Cuando le dije que nos casaríamos por la Iglesia Católica me dijo que era muy egoísta de mi parte querer hacerlo de esa manera.
Trató de cuestionar que en el caso de que él practicara alguna otra religión si yo estaría dispuesta a casarme por esa religión. O sea, que aunque mi novio no va a ninguna iglesia, él quiere que yo practique y me case por cualquier otra iglesia que él elija, mientras que no sea la mía. Me enfadé muchísimo con él y estamos mutuamente molestos.
Tengo miedo de que mi relación falle, porque pienso que Dios debe ser el centro de mi noviazgo y matrimonio. Cuando lo invito a ir a la iglesia casi nunca quiere ir. No le peleo, pero tengo miedo de que después de casarnos me haga lo mismo.
Espero su orientación.
María José, una novia bastante preocupada
Estimada María José:
Todos los problemas que puedan existir en el noviazgo, por muy pequeños e insignificantes que luzcan en este momento, aumentan y se multiplican después de la boda. No existe una varita mágica que pueda desaparecer las disparidades y conflictos que existen entre la pareja. Los problemas o se resuelven o se empeoran.
La experiencia que tengo con parejas de distintas denominaciones cristianas —e incluso provenientes de distintas religiones— es muy variada. He conocido parejas que han manejado esta disparidad (y eso es lo que es, ya que cualquier diferencia puede ser causa de conflicto) con mucha inteligencia. Otras parejas han usado sus diferencias religiosas para discutir, pelear y vivir en una eterna discusión. Hay quienes usan este tema para crear un verdadero “infierno” matrimonial.
Si tu pareja rechaza lo que tú eres; tus valores, convicciones y creencias, te aseguro que ése no es el hombre para ti. Puede gustarte mucho y puede ser que él cambie, pero en este momento yo te recomiendo que te olvides de él y busques quien te aprecie por quien tú eres, alguien que no quiera cambiar tu forma de creer y practicar tu religión.
Creo que una persona que no tiene una claridad en el ámbito espiritual y religioso no debe exigirte que abandones tus creencias para seguirlo a él en su búsqueda espiritual. Quien practica su fe —que en este caso eres tú— debe recibir un poquito más de respaldo de su pareja no-practicante.
Si él es intolerante ahora te aseguro que será mucho peor después del matrimonio.
Un abrazo,
Padre Alberto
Envíe sus cartas a:
Rev. Padre Alberto Cutié
Radio Paz 830 AM
PO BOX 421500
Miami, Fl 33142