“Mi virtud mayor, ser sociable”, dice Jeryl del Socorro Mejía Casco. ()

Jeryl del Socorro Mejía y el lenguaje de los ojos

Los ojos de Jeryl del Socorro son enormes y azules. Surge de ellos un lenguaje misterioso y cálido que se adelanta a las palabras. Toda ella es comunicación, habla con sus brazos y manos como lo hacen las bailarinas camboyanas y su cuerpo es el címbalo que pone ritmo a tan sugerente forma de expresión […]

  • Los ojos de Jeryl del Socorro son enormes y azules. Surge de ellos un lenguaje misterioso y cálido que se adelanta a las palabras. Toda ella es comunicación, habla con sus brazos y manos como lo hacen las bailarinas camboyanas y su cuerpo es el címbalo que pone ritmo a tan sugerente forma de expresión
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¿Cuáles son tus virtudes?
La mejor es mi alegría, siempre me estoy riendo y que parece que no tomara las cosas en serio, pero es todo lo contrario. Soy feliz con el espíritu amistoso y cálido que tengo. Quizás me falte un poco de eso que llaman “fuerza de carácter”, pero sé plantarme cuando así lo necesito, yo creo que perfecto nadie es. La perfección está en Dios y en su obra.
¿Y el mayor defecto?
Sabe cuál es mi mayor defecto, que me gusta dormir bastante. Yo soy como las gallinitas que cuando empieza a oscurecer ya están durmiendo. Duermo bastante que quiere decir más de lo suficiente.
¿Te gusta ir a fiestas?
Sí, voy a fiestas, pero no en grandes cantidades.
Eres una mujer moderna, comunicativa, en un pueblo incomunicado.
Exactamente. Pero soy de las que creen que si Jinotega no avanza es porque nosotros no queremos. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para prosperar, los brazos, las piernas, el corazón, la inteligencia, si no avanzamos es porque no ponemos en juego todas nuestras facultades.

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Es la dama del asombro permanente. Para ella conversar es el intrigante placer de explorar las emociones humanas. Cada palabra, cada frase, cada oración de su interlocutor, parece generar en Jeryl del Socorro Mejía, confianza, alegría, optimismo. Y sin querer, diría yo, transmite esos dones a los que, como ella, saben apreciar la vida.

Es en esos términos la feliz representante de la mujer jinotegana, interesante por interesarse en sus coterráneos, fascinante por su conversación siempre magnética, amena, espontánea y fluida, gratificante por cuanto es, como diría Amado Nervo, “toda llena de gracia como el Ave María”.

“Buenas tardes para todos”, dijo al entrar a la casa de Danielito Pineda. Sin mayores problemas besó la mejilla del poeta y con una sencilla reverencia se presentó ante las visitas. “No quiero importunar, seré breve, pero me interesaba sobremanera saludar a don Daniel ahora que acaba de ser operado de cataratas en Cuba”, explicó.

“Amigos como don Daniel —añadió— ocupan un lugar muy especial en mi corazón y por eso al terminar de trabajar, lo primero que pensé fue venir a saludarle”.

Nos confió que acostumbra recorrer las calles de Jinotega por dos razones, la primera saludar a las amistades que encuentra en su camino, o platicar con ellas a través de visitas personales.

PLATICAR COMO TERAPIA

“No existe terapia mejor para aliviar el cansancio que una bella conversación, una sabrosa ‘platicona’ calma los nervios, alivia rápidamente las tensiones y de ipegüe nos ayuda a estar bien informados”, asevera abriendo con intención explicativa sus enormes ojos.

“Los peores enemigos de la plática fraterna son los temas confrontativos —explica—, por algo los barberos, platicadores insignes, ponían en sus talleres el rótulo clásico que decía: ‘Aquí de todo podemos hablar, menos de religión y de política’. El diálogo será exitoso por la manera de abordar el tema, si lo hacemos con entusiasmo, energía, alegría y optimismo ya hemos ganado mucho. Si sabemos que un tema nos conducirá al pesimismo y a controversias muy encontradas, mejor eludirlo con habilidad y sin que se dé cuenta nuestro interlocutor”.

“Sin querer queriendo”, como dice el Chavo del Ocho, pronto estamos inmersos en una conversación sabrosa. La voz suave, rica en matices y tonos de Jeryl del Socorro nos ha atrapado.

“¿Qué edad cree que tengo?”, pregunta. Pues creo que veinticinco años, respondo. “No mi estimado periodista, ya no soy una joven, tengo 43 años, soy una mujer madura pero muy joven de alma y espíritu”.

Algo sobre la amistad

¿Qué fue la juventud para usted?

Fue una sucesión de experiencias y emociones diversas que dejaron su sello en mi manera de ser. Hubo momentos de tristeza, es cierto, pero tanto estos como las alegrías fueron consecuencia propias del aprendizaje de la vida. Hoy ya no recuerdo las tristezas, pues sobre ellas he colocado las alegrías, los gratos momentos, que son el tesoro que guardo en mi cerebro.

Trato de mantener el espíritu joven. Me he trazado una conducta de vida: sin envidias, no vivo de ilusiones, no almaceno rencores, rechazo la ambición y la avaricia y no deseo el mal de nadie. Le doy gracias a Dios porque me ha dado un corazón bueno.

Veo que eres una muchacha muy popular en Jinotega. Parece que tienes amistades en grandes cantidades.

Quizá en grandes cantidades no, porque estuve fuera de mi país 22 años. La palabra amistad viene de amigos, ser que uno ama o estima. Claro, mejor si hay reciprocidad. Sin embargo, no se puede exigir lo que uno no puede dar. Por eso digo que la amistad consiste en dar amor sin esperar retribuciones. No es difícil encontrar gente amiga en Jinotega donde todos somos hospitalarios, fraternos, alegres.

¿Hay alguna selectividad en la búsqueda de tus amigos?

Yo doy amistad sin que medie para ello status social, situación económica o influencia social y política. Más bien doy amistad para aumentar mi bagaje cultural y el trato social que debo a mis coterráneos. Cada día tenemos que aprender un poco más de cada nicaragüense, sobre todo de los más humildes.

¿Cuéntame algo de tu infancia y juventud en Jinotega?

Estudié en un colegio de monjas y en el Colegio La Salle, pero no puedo decir que soy una católica profunda, más bien tengo gratitud hacia Dios porque me dio un buen corazón. Siendo una niña me tocaba levantarme muy temprano para entrar a las ocho de la mañana al colegio, la jornada terminaba a las tres de la tarde cuando comenzaban las clases de música y ballet. Me encantaba bailar, sobre todo nuestras danzas folclóricas y los bailes españoles. Después, como toda niña, jugaba a las muñecas, las cocineritas, los juegos de prendas y otros. Ya en la segunda enseñanza la más linda experiencia fueron los novios.

LOS NOVIOS Y OTROS CONSEJOS

¿Es importante tener novio?

Depende de las aspiraciones juveniles de las muchachas, para las que éramos románticas y soñábamos con tener un romance desde la edad temprana, tener un novio era una gran cosa. Yo tuve la suerte de tener un novio bueno, una persona que me quiso mucho, me respetó mucho y hasta hoy día lo guardo en un lugar muy especial de mi corazón.

En base a esa experiencia sentimental ¿qué le recomendarías a las muchachas de ahora en cuanto al noviazgo?

Yo digo que el amor es bello cuando es verdadero y cuando viene de Dios. En la vida práctica el noviazgo tiene que ser un factor de conocimiento. Conocer a la otra persona con sus virtudes y defectos y saber quién es. Debe la joven tener algunos novios para poder elegir la mejor oferta y no dejarse ir de boca con el primero que le habló. Sin embargo, si encuentran por casualidad el verdadero amor, que no vacilen ni titubeen para casarse con él. Esto es valedero para ambos sexos.

¿Pero también existe el peligro de deslumbrarse?

Es verdad, porque hasta el noviazgo reviste forma de “marketing”. En aras del amor bisutería, las uñas artificiales se esconden durante el noviazgo, para sacarlas en el matrimonio. El problema en este caso es un embarazo prematuro donde las víctimas propicias de nuestra hipocresía son los hijos. Esto es lo más común no sólo en Jinotega sino en toda Nicaragua donde las muchachas son madres a temprana edad. Luego vienen los fracasos porque la vida es dura… Pero los niños necesitan de padre y madre para salir adelante.

DE JINOTEGA Y LOS JINOTEGANOS

¿Como te ha tratado el amor?

Muy joven me fui del país en busca de formas mejores para ganarme la vida. Estuve fuera de Nicaragua 22 años. En Estados Unidos me casé con un norteamericano y tengo cuatro hijitos, Ricky Matthews, de 15 años; una niña Angie Matthews, de 14 años; un chiquitín llamado Robertito Matthews, de 9 años, y una pequeña niña de 2 añitos y medio que se llama Judith María Mejía Casco.

Ya de regreso a Nicaragua me gradué en el Inatec en materia de belleza. Tengo un salón muy bonito que a la vez es “boutique”, se llama “Yeye” y ahí atiendo todas las especialidades habidas y por haber en materia de embellecimiento femenino, también vendo ropa y mercadería muy linda que me viene de otros países. Esto último sin descuidar para nada las artesanías nicaragüenses que son de gran valor.

¿Es agotador su trabajo?

En verdad me siento muy confortable con lo que hago, como soy dueña de mi propio negocio me siento muy contenta, mi clientela es buena y siento mucho gusto al atenderla. Estoy muy contenta en mi patria, sé que este país si llega a tener un buen presidente será admiración de otras naciones.

¿Qué opinión te merece la gente de Jinotega?

Aquí en la Ciudad de las Brumas somos muy calurosos, muy amistosos, nos gusta visitar y que nos visiten. Es una tierra dotada de muchas maravillas naturales. Yo misma no termino de conocerlos. Ahora tenemos muchos restaurantes, por el lado norte está el Kaliman en una finca de doña Emma Noguera, está el Hotel Café que es un lugar muy precioso, las Sopas de Doña Haydée que está a cinco minutos del centro.

Pero lo más notable de Jinotega son sus habitantes. Aquí me tiene visitando a Danielito Pineda Mangas porque para nosotros es un poeta valioso, una persona muy amigable, muy servicial y muy honesto en todo sentido. Me encanta platicar con él porque en cada visita aprendo algo nuevo.

Otro personaje jinotegano muy importante es el profesor Harvey Wells, cronista e historiador de nuestra ciudad, erudito, sabio y además pintor, sus utensilios de barro pintados tienen mucho arte y mucha demanda. No terminaría hablando de nuestra gente.

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