- La tecnología es importante para el desarrollo de la humanidad pero el exceso de ésta en las primeras etapas de formación y crecimiento puede ocasionar serios problemas en el desarrollo neurosicológico de los niños
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Los hábitos de juego que han desarrollado los niños del siglo XXI, viviendo en un mundo saturado de tecnología, son abismalmente diferentes a los hábitos de juego que tenían nuestros abuelos en su infancia.
Según la pediatría y la sicología jugar es importante para el buen desarrollo neurosicológico del ser humano.
Mediante los juegos, los niños aprenden los códigos y pautas de la vida en sociedad, así como a entablar relaciones interpersonales, afirma el siquiatra y terapeuta familiar Nelson García Lanzas, quien opina que los juegos en grupo son fundamentales para que los niños aprendan a manejar sus frustraciones, pues en los juegos, unas veces se pierde y otras se gana, como en la vida, que no siempre las cosas suceden según lo planeado.
Los niños que no aprenden a manejar sus frustraciones se convierten en adolescentes problemáticos, depresivos y hasta usuarios de drogas, advierte el siquiatra.
Un niño que pasa demasiado tiempo en la computadora o jugando PlayStation, está propenso a enfrentar en el futuro problemas de inserción social. Lo mismo si pasa mucho tiempo viendo televisión y no se le induce a realizar actividades extracurriculares saludables, como aprender a tocar algún instrumento, practicar deportes, hacer manualidades o simplemente jugar y relacionarse con otros niños.
De a cuerdo a García Lanzas, un niño sedentario, que pasa el día comiendo mientras juega sentado frente a la computadora o frente al televisor, es un niño predispuesto a la obesidad y a otros problemas como la hiperestimulación del sistema nervioso central, que causa trastornos del sueño e hiperactividad.
Está también propenso al síndrome de desvirtuación de la realidad, que es cuando el niño se cree el personaje del vídeojuego, habla y se comporta como tal; así mismo puede presentar disminución de la expresividad, que resulta de pasar mucho tiempo frente a una máquina sin recibir suficientes estímulos que lo induzcan a expresar sentimientos y emociones.
Es importante que los padres estimulen a sus hijos mediante las relaciones interpersonales. La estimulación para desarrollar el sistema nervioso central se hace a través de la interacción con el niño, jugando, corriendo con él, tocándolo, abrazándolo, explica.
Para el siquiatra es importante que los padres dosifiquen el acceso de sus hijos a la tecnología. Una hora de vídeojuego y una hora de televisión es suficiente, además es crucial supervisar los programas que ven pues, por ejemplo, ver noticieros de nota roja puede desencadenar trastornos de ansiedad.
El ejercicio es importante
La actividad física en el niño no sólo beneficia el desarrollo físico y mental sino también el aspecto social y de interrelación con el medio en que vive.
Las clases de educación física en el colegio son fundamentales por su contribución al desarrollo armónico del infante, mediante la práctica de actividades que favorecen el crecimiento sano y el sistema motor, además de fortalecer la integración entre los niños que participan.
Por otro lado, las clases de educación física promueven entre los niños la formación de actitudes y valores como la confianza y la seguridad en sí mismos, la conciencia de las posibilidades propias, el respeto a las posibilidades de los demás y la solidaridad con los compañeros.
Los niños que viven en ciudades como Managua donde la mayoría de las casas no tienen área verde suficiente para que los pequeños corran o anden en bicicleta tienen la desventaja de no poder ejercitarse después del colegio.
Los padres deberían preocuparse por que sus hijos practiquen deporte después del colegio, pero es importante que el niño esté de acuerdo con ejercitarse, que no sienta que es una obligación sino que lo tome como una distracción.
El ejercicio contribuye a que el niño desarrolle resistencia cardio-respiratoria, la cual está directamente relacionada con la capacidad del corazón y los pulmones de responder a los esfuerzos, lo que se traduce en mejor oxigenación de todos los tejidos. El ejercicio ayuda también a desarrollar cualidades como la fuerza, la resistencia y la potencia muscular.
Obesidad infantil: epidemia del siglo
En los últimos veinte años, la obesidad infantil ha aumentado de manera significativa, tanto que en muchos países las estadísticas señalan que uno de cada diez niños es obeso y algunos nutricionistas han llegado a considerar la obesidad como la epidemia del siglo.
Se dice que un niño está obeso cuando el peso de su cuerpo sobrepasa el 20 por ciento de su peso ideal, conforme a la edad y a la estatura que tiene.
Según la nutricionista, Sabrina Espinoza Guerrero, si al apretarle la manita al niño la piel se pone blanca es porque hay exceso de grasa en el cuerpo. Sobrepeso y obesidad no son lo mismo, el sobrepeso se controla con la alimentación, pero tratar la obesidad es más complicado porque a un niño en crecimiento no se le pueden recomendar dietas restrictivas, ya que limitar lo que comen puede ser perjudicial e intervenir en el crecimiento, comenta la experta, quien recomienda evitar lo más posible que la pizza, las hamburguesa, las chiverías y otras comidas rápidas o refritas ricas en carbohidratos simples figuren como base de la dieta de los pequeños.
La comida chatarra se digiere rápido, eso genera ansiedad por comer más y las consecuencias son venas y arterias llenas de grasa; es mejor hacer uso de la autoridad de padres y negociar con los niños, ofreciéndoles algo, para que coman frutas y verduras, tan necesarias para el crecimiento y buen funcionamiento del aparato digestivo, dice la nutricionista.
Las enfermedades a largo plazo consecuencia del sobrepeso infantil, es una preocupación global, pues más que un problema estético y de acumulación excesiva de grasa en el cuerpo, es una enfermedad que implica diabetes, asma, problemas para respirar, interferencias en el sueño, problemas ortopédicos, trastornos cutáneos, transpiración excesiva, hinchazón de los pies y enfermedad coronaria.
La gordura puede también causar problemas de autoestima.
Estadísticamente 40 por ciento de los niños que presentan sobrepeso entre los seis meses y los siete años de edad cuando crezcan serán adultos obesos, pero los que comenzaron entre los diez y trece años tienen 70 por ciento de probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta, ya que las células que almacenan grasa se multiplican más en esta etapa.