A Salvador Elizondo, in memoriam
La ofensiva belleza, la desnuda
página blanca, sola, enmudecida.
Ernesto Mejía Sánchez
Blanca, al fondo de la mesa,
acecha, enmudecida, la página.
En ella, a sí mismas adheridas,
signos del vacuo lenguaje, las palabras
que ingrávidos párpados plasman.
En ciega complicidad con el silencio
menos que nada dicen:
insilábico vacío murmuran,
nombran la ausencia de tu cuerpo,
el gesto de tu rostro dormido
disolviéndose en mis sueños donde te sueño
soñando, agua que se deshace en el agua:
las palabras al nombrarte.
Inconstantes titubean
formando en la vigilia
constelaciones: frases que el azar
va trazando sobre la inútil cosmogonía del papel.
Helas ahí, imprecisas en la inefable
desnudez de lo pálido,
ajustándose a la líquida ebriedad de la pupila
que esculpe en la noche
la endeble anatomía del poema.
Impotentes ante tanta cosa indicha,
vencidas, a su éter sin memoria se retiran,
donde esperan a que el fálico vertiginoso
cilindro de tinta irrumpa
con el canto noctívago del génesis.
Managua 28-VI-06