- En Occidente deciden diversificarse y reforestar la zona para reducir los efectos del despale
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Desde hace algún tiempo la Asociación de Leñeros de Occidente está haciendo el quehacer sin lastimar al ambiente.
La organización, conformada por más de 100 miembros, adquirió el compromiso de plantar árboles propios para leña como la leucaena y el eucalipto.
Con lo anterior pretendían sacar leña de sus propias plantaciones y no de los cerros.
De acuerdo al libro Siembra Futuro, publicado por la Revista Enlace, la meta de todo leñador debe enfocarse en sembrar la leña del mañana.
Uno de los directivos de la Asociación entrevistado por la publicación, Medardo Urroz, reconocía años atrás que en sus años mozos vivían en montañas espesas de bosques.
Sin embargo hoy día el panorama era otro. “El hacha y los fuegos sólo destrucción han traído, y si seguimos así no vamos hallar dónde cortar leña”, comentaba.
La organización se creó porque los leñadores se quejaban de que cada año les tocaba traer la leña desde 4 ó 5 kilómetros de sus viviendas.
Pero la solución al problema les llegó diversificada porque aparte de despalar en adelante tenían que reforestar.
Como primera solución, los que tenían su propia tierra comenzaron a plantar árboles en una manzana. Algunos hasta lo hicieron en manzana y media.
Entretanto los que no tenían donde hacerlo empezaron a reforestar al pie del Cerro Negro.
La faena
Todos, sin embargo, compartían el mismo ajetreo: debían limpiar las rondas alrededor de las plantaciones, como medida preventiva contra incendios.
Según el libro, la cosa les funcionó. Incluso hasta iniciaron cultivos de callejones, proyecto que se trataba de sembrar granos entre hileras de árboles preciosos como el laurel y el pochote.
También se apuntaron a formar brigadas voluntarias contra incendios, convirtiéndose así en leñadores amigables del ambiente y no en sus destructores.
No obstante pese a que la idea funcionó la multiplicación de la experiencia, en otras zonas del país no se dio.
Según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en los años noventa gran parte del bosque natural era utilizada para leña o carbón.
sin datos actuales
En esa época se calculaba que el volumen de explotación era de 10 a 15 veces mayor que la utilizada en la industria de la madera.
El Instituto Nacional Forestal (Inafor) sólo controlaba entre el 10 y 20 por ciento de la leña comercial que se consumía en el país.
A la fecha se desconoce el monto que controla el Inafor. LA PRENSA intentó ayer localizar a sus autoridades para conocer de paso el control que llevan sobre el negocio mencionado, pero no se logró encontrar a ninguno.
El Ministerio de Fomento, Industria, y Comercio (Mific), por otro lado, no guarda estadísticas al respecto.
Tampoco lo hace el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor).
Con la Asociación de Leñadores de Occidente la revista muestra que los miembros hasta consiguieron ganancias.
Esas utilidades las destinaron a un fondo de reinversión con el que esperaban financiar actividades agrícolas.
En Matagalpa el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por otro lado, ha apoyado el uso de cocinas mejoradas a base de diesel y gas.
La propuesta ha ganado terreno entre la población femenina que entre otras cosas coincide en que ya no tragan tanto humo.
Por su diseño las cocinas hacen que el consumo de leña se reduzca a más de la mitad.
Aunque lo cierto es que en Nicaragua el corte y comercialización de leña sigue siendo parte de la vida cotidiana.