Prehispánico

El poeta granadino Don Pablo Antonio Cuadra, me señaló el camino de su humanismo literario, el respeto al ser humano, la justicia y la verdad; con su pensamiento cristocéntrico y náhuatl me dio la visión para rescatar y transmitir nuestras raíces culturales y religiosas. El otro es Leoncio Sáenz. Conocí a este gran maestro cuando […]

El poeta granadino Don Pablo Antonio Cuadra, me señaló el camino de su humanismo literario, el respeto al ser humano, la justicia y la verdad; con su pensamiento cristocéntrico y náhuatl me dio la visión para rescatar y transmitir nuestras raíces culturales y religiosas.

El otro es Leoncio Sáenz. Conocí a este gran maestro cuando le pedí que me explicara su obra; recuerdo que me contestó: “El arte no se explica, él habla por sí mismo”. Luego, generosamente me regaló un libro —La Historia del Arte—. Con ese regalo se inicia mi discipulado y amistad con el maestro.

Leoncio Sáenz, paxileño, matagalpino. Se educa en el Colegio San Luis de Matagalpa. A temprana edad gana el primer lugar del premio nacional de pintura y, con ello, una beca para estudiar las artes plásticas, en la Escuela de Bellas Artes de Managua dirigida por ese extraordinario maestro, Don Rodrigo Peñalba.

De esa escuela, Leoncio, junto con César Izquierdo, Leonel Vanegas, Alejandro Aróstegui, Genaro Lugo, Dino Aranda, Orlando Sobalvarro, Luis Urbina, Arnoldo Guillén fundan el grupo Praxis, entonces jóvenes valientes aguerridos y decididos a conquistar la cima de la plástica Nicaragüense.

Este es Leoncio Sáenz; nuestro Tlahcuilo, escritor, crítico, pintor, poeta visionario del arte. Con su obra desarrolla un movimiento de rescate cultural, indigenista y moderno que ha enaltecido el arte prehispanoamericano. Al respecto, el poeta Álvaro Urtecho escribió: “Leoncio es el mayor dibujante del país. Feroz, apasionado, buceador terráqueo del pasado indígena, pasado que lo embriaga y canta por dentro”.

Al igual, la doctora María Dolores Torres afirma: “Leoncio es un magistral cronista pictórico del mundo prehispánico, iniciado con sus dibujos blanco y negro, después en pintura, retomando la imaginaria maya y azteca”.

Tampoco podemos olvidar el rescate de las leyendas nicaragüense: La Carreta Náhuatl, El Padre sin Cabeza, El Cadejo, Los Duendes, La Chancha Bruja, La Llorona, entre otros.

Sus obras hablan por sí mismas; basta recordar el famoso mural del supermercado de Plaza España: El Tiangue, considerado por artistas y críticos de arte como su “Capilla Sixtina”, en una variante de “contemporaneidad indigenista”.

Con su filosofía de policromatismo ancestral de gran fuerza creadora, mística, y viviente, pinta su último mural: Muerte y Resurrección, inaugurando una nueva forma de canto a la vida a través de la muerte, ubicado en la cripta de la familia Garzón, en el Cementerio Occidental de Managua, con esa concepción rompe todos los esquemas del arte funerario de Nicaragua.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí