[/doap_box]
MAURESMO GANA EN WIMBLEDON
Contradiciendo su reputación de aflojar en los momentos decisivos, Amelie Mauresmo dio vuelta ayer a una desventaja inicial, para vencer a Justine Henin Hardenne en la final del torneo de Wimbledon.
La francesa, primera cabeza de serie, venció por 2-6, 6-3, 6-4 y conquistó su segundo título en certámenes del Gran Slam.
“No quiero que nadie hable más de mis nervios”, dijo.
Es la primera campeona francesa en el torneo femenino de Wimbledon desde que Suzanne Lenglen ganó el último de sus seis títulos en 1925.
Mauresmo también impidió que Henin, tercera cabeza de serie, completara un Gran Slam en su carrera. A la belga es el único título grande que le falta.
Es la segunda vez que las dos se enfrentan en una final de Gran Slam este año. Mauresmo ganó el Abierto Australiano en enero por retiro de Henin cuando la francesa estaba en ventaja de 6-1, 2-0.
Después que Henin pegó la pelota en la red para decretar el triunfo de su rival, Mauresmo cayó de rodillas sobre el césped y se cubrió la cara con las manos. Después saludó a Henin, se trepó en las gradas y se trenzó en un emotivo y lloroso abrazo con su entrenador Loic Courteau.
La francesa recibió el trofeo de campeona de manos del Duque de Kent y lo alzó en el aire mientras era saludada con una estruendosa ovación.
“Me siento espléndidamente”, dijo al público. “Tuve dos grandes semanas. Realmente quería ganar este trofeo. Es un gran momento para mí. Este trofeo es muy especial en el mundo del tenis. Estoy muy orgullosa”.
Mauresmo se impuso con su juego de saque y volea.
“Eso es lo que hice durante todo el torneo y me dio resultado”, afirmó. “Es lo que me gusta hacer sobre césped”.
No fue un final clásico. Ambas jugadoras parecieron nerviosas y durante un pasaje, particularmente en el segundo set, pareció un partido que ninguna quería ganar.
Henin, ganadora de cinco títulos de Gran Slam, es notoria por su actitud dominante que no deja mucho margen de error en beneficio de sus adversarias. Mauresmo, por otra parte, durante años ha sido notoria por ponerse nerviosa en los momentos cruciales.
Esta vez, Henin cedió y Mauresmo no falló.
A definir
Después de pegar un tiro ganador para cerrar un set camino de la final de Wimbledon, Rafael Nadal lanzó un golpe al aire y corrió a su silla con el puño en ristre.
Así es como juega, con fuerza e intensidad. Demostrando que es más que un mero rey en canchas de arcilla, el veinteañero español ha superado todos los obstáculos en las canchas engañosas del All England Club rumbo a una nueva final de campanillas frente a Roger Federer.
La final que disputaron ambos hace cuatro semanas en el Abierto Francés fue calificada como el partido del año, lo que da más brillo todavía a la final de Wimbledon que protagonizarán hoy. Y un atractivo adicional: la última vez que Roland Garros y Wimbledon tuvieron los mismos finalistas en el torneo masculino fue en 1952.