- El revés germano visto por el ojo de una nica
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Especial para lA PRENSA/ALEMANIA
Mientras la canción de “Deuschland Aish” sonaba desde tempranas horas de la mañana en la ciudad de Dortmund, como una manera anticipada de festejar para los alemanes, los pocos fanáticos italianos se conglomeraban a los alrededores del estadio para apoyar a su selección.
Entre el fuerte coro germano, se escuchaba el bullicio de los italianos, una manera de hacer sentir su presencia en la ciudad.
Pero la actividad estuvo pesada el día martes, Klinsmann y su tropa se preparaba, el estratega alemán quería cumplir su sueño, llegar a la final y quizás alzar la copa por segunda ocasión.
Por su parte Marcelo Lippi pensaba en el vestidor, instruía a su equipo, todos concentrados salieron al campo.
Llegaron las nueve de la noche, el pitazo del árbitro Benito Archundia dio comienzo al encuentro histórico, a un clásico mundialista Italia vs. Alemania.
Como se esperaba el estadio estaba invadido de alemanes, eran poco distinguible la barra italiana, pero pronunciada en el eco del coro apoyando a su selección.
Italia fue superior desde inicios del juego, control en el campo, pero le hacían falta los goles. Klinsmann se desesperaba, gritaba, reclamaba al árbitro mexicano, pero nada no llegaba la solución, Lippi pensaba y mantenía el ritmo de su equipo buscando los goles.
Mientras se jugaba en el campo, en las tribunas se batallaba, los fanáticos vs. el árbitro, le decían de todo, no muy contentos por pitar faltas a su selección, que a ellos no les parecían.
Por otra parte la misma tribuna de prensa estaba dividida entre los colegas germanos, algunos vestían las camisetas de la selección y también estaban los periodistas italianos que no dudaron en poner en manifiesto su emoción cada vez que Pirlo habilitaba una jugada.
En el estadio se presenciaron tres duelos, el primero entre las barras y el árbitro, el segundo entre los equipos, y el tercero y el que siempre se dio en este Mundial es el de los periodistas de las naciones en competencia.
“ADIVEDERCCI” ALEMANIA
En tanto todo esto ocurría, los ánimos de las tres esferas aumentaban al igual que la desesperación y el nerviosismo porque los goles no aparecieron en los 90 minutos reglamentarios.
Ambos directores técnicos hicieron sus respectivos cambios en el tiempo extra, pero sólo uno dio el jaque mate y no fue precisamente lo que esperaba Klinsmann.
Fabio Grosso fue el verdugo que fulminó la arquería de Lehmann, Alemania recibía la primera herida de su caída, al mismo tiempo que su cabecilla técnica sufría junto al pueblo alemán, fue cuando Klismann miró lejos su gran sueño, al igual que su plantel. Luedo Del Piero dio el tiro de gracia.