Alemanes sin rencor

El alemán de a pie se despidió de la lucha por el título del Mundial abatido por la derrota, pero dispuesto a defender el balance aún parcial de su buen expediente como anfitrión: un sobresaliente en conducta y un notable en futbol. La “banderitis” nacional ondea a media asta y los millones de alemanes que […]

El alemán de a pie se despidió de la lucha por el título del Mundial abatido por la derrota, pero dispuesto a defender el balance aún parcial de su buen expediente como anfitrión: un sobresaliente en conducta y un notable en futbol.

La “banderitis” nacional ondea a media asta y los millones de alemanes que el martes se agolparon junto a las pantallas gigantes se retiraron sin bulla, salvo excepciones aisladas, y tratando de felicitar, con más o menos pasión, a Italia.

“Qué le vamos a hacer, la próxima vez os ganamos”, se despedía esta mañana un alemán, envuelto en su bandera, de un ufano italiano, enroscado en la suya, tras haber compartido el suelo de un vagón restaurante en un tren nocturno, de Dortmund a Berlín.

De la decepción se pasó al “qué le vamos a hacer”, como tónica general, tras los dos goles italianos en la prórroga que despertaron a la selección de Jürgen Klinsmann del sueño del cuarto título.

Los 200,000 aficionados que siguieron el partido en Dortmund, en el Westfalenstadion o en la calle, junto al millón que se apretujó en la milla del aficionado de Berlín y resto del país volvieron a casa en paz, ni siquiera tan tristes como pintaba algún medio.

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