El italiano Fabio Grosso, derecha, celebra con su compañero Andrea Pirlo el primer gol de los italianos ante los alemanes. Alessandro Del Piero clavó la segunda estocada a los alemanes, que actuando como locales quedaron fuera de la final de la Copa Mundial. (fotos la prensa/afp/ap)

UN FINAL ENLOQUECEDOR

Un asalto de última hora con los balazos de Grosso y Del Piero [doap_box title=»Sólo un parpadeo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Se pensó, que frente a un ataque tan intenso como el que es capaz de desplegar el equipo de Alemania, la defensa italiana no podría conservar su reputación de invulnerable. El único gol permitido por Italia […]

  • Un asalto de última hora con los balazos de Grosso y Del Piero
[doap_box title=»Sólo un parpadeo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Se pensó, que frente a un ataque tan intenso como el que es capaz de desplegar el equipo de Alemania, la defensa italiana no podría conservar su reputación de invulnerable.

El único gol permitido por Italia fue de Zaccardo, en su propia cabaña, frente a Estados Unidos. Pero sigue siendo ese el único parpadeo a lo largo de seis partidos. La pandilla de Klose, Podolski, Borowski, Schneider y Ballack, estuvieron cerca, pero no lo lograron.

El resonante éxito italiano va a contribuir mucho para amortiguar el escándalo actual que sacude el futbol de ese país y ha carcomido su estructura.

Los analistas seleccionaron a Fabio Cannavaro, el defensa del Juventus de Turín como el mejor jugador de la semifinal con Alemania.

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ALEMANIA FUE ELIMINADO POR ITALIA 2-0

Aunque no alcanzó el nivel de dramatismo de aquella prórroga de 1970, ésta fue lo suficientemente emotiva para mantener al mundo con los pelos de punta.

RESULTADO2-0

En un partido de arrogante intrepidez, inagotable intensidad, voracidad sostenida y un cierre enloquecedor, Italia desvaneció las esperanzas de Alemania imponiéndose 2-0 espectacularmente.

Las estocadas de Fabio Grosso y Alessandro Del Piero en menos de tres minutos, consecuencia de veloces y bien elaboradas maniobras, evitaron otro desenlace con tiros de penal, y establecieron justicia.

Objetivamente, Italia merecía la victoria. Hizo más y siempre estuvo más cerca, como cuando Alberto Gilardino en brillante movimiento desequilibrante, se quitó a Michael Ballack, sacó de foco a Jens Lehman, y colocó una pelota que devolvió el poste izquierdo, apenas iniciándose el tiempo extra, en el minuto 91; o cuando Gianluca Zambrotta, entrando impetuosamente un minuto más tarde, con un poderoso remate de derecha, sacó astillas del travesaño.

Mientras avanzaba el partido con un ritmo impresionante y una belleza que no requería de maquillaje, tuve la impresión que no importaba la multiplicación de esfuerzos de los dos equipos, porque no sería suficiente.

Tuvo sí, un final perfecto para una infartante cabalgata de emociones. Quien no terminó con los huesos sudados.

El balazo de Francesco Totti a los 4 minutos que atrapa Lehman en gran lance, fue un indicio de lo que sería el partido en vibración, fuerza y profundidad ofensiva.

Italia, mostrando esa habilidad y firmeza para apretar tuercas que ha caracterizado a su invulnerable defensa, nos hizo saber que propondría un futbol abierto, porque disponía de los elementos necesarios para responder a la agresividad de los germanos, y sobre todo, de un estupendo fondo físico.

Claro, tenían que evitar que el partido se extendiera hasta llegar a la definición desde los doce pasos, y contrarreloj, se encendieron, sincronizaron y acertaron, justo cuando se jugaba el minuto 119, quedando dos pendientes por el alargue.

Andrea Pirlo, insistente y efectivo, entra al área zigzagueando y buscando posición de tiro pero ve cerrarse los espacios. Logra enviar el pase atrás a Grosso, quien resuelve de inmediato con un disparo de trazado curvo, que se mete rascando el poste derecho de Lehman, inutilizando el vuelo del arquero.

El aliento de todo Alemania, fue “congelado” y el frío de la eliminación recorrió las columnas vertebrales.

El ataque germano trató de ir a fondo con las pocas reservas de energía que quedaban en piernas y pulmones, y en ese intento, los tomó el fulminante contragolpe italiano con Cannavaro saliendo, entregando a Pirlo, quien cedió a Gilardino, éste desajustó a Metzelder y le hizo el pase a Del Piero, para el “tiro de gracia”.

No lo podíamos creer. En un abrir y cerrar de ojos se produjeron dos goles, después de 118 minutos sin mover la pizarra.

Alemania fue un rival difícil en todo instante. Varias veces estuvo a punto de concretar, y su mayor aproximación fue en el minuto 110, cuando Gianluigi Buffon en un alarde de reflejos, sacó un zurdazo aparentemente letal de Lukas Podolski.

Se agotó Klose, no pudo Ballack seguir imponiendo su presencia y facilidad de entrega en el medio, Podolski dejó de aparecer tan constantemente, y Neuville, ingresado para dinamizar, no tuvo la pelota en su poder.

Italia en cambio, mantuvo una presión que fue más efectiva con el ingreso de Gilardino por Luca Toni y Del Piero en reemplazo de Perrota.

Qué final amigos, impactante. Primero la sorpresa, gol de Grosso, y después, el golpe en la nuca, gol de Del Piero. Todo eso en tres minutos enloquecedores.

Para los alemanes, fue una escena de caos absoluto. Para los italianos, la entrada al paraíso.

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