- Es la primera mujer nicaragüense con posibilidad de ser electa representante de un Estado en Norteamérica. En esta entrevista le saca lágrimas a su pasado de exiliada por la revolución sandinista, mientras se declara a favor de la ley de inmigrantes en aquel país y admiradora del presidente George W. Bush: “un hombre maravilloso”
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Los primeros cinco minutos de la plática, Carla Ascencio Savola llora como niña. Se acuerda que cuando tenía 16 años tuvo que salir de Nicaragua, abandonar las clases de cuarto año del colegio Pureza de María y largarse a Guatemala.
Una semana después de aquella partida, en mayo de 1979, se enteraría que su padre, un fiel coronel de la guardia de Somoza, Rafael Ascencio Castillo, había emigrado también sin que en el aeropuerto le permitieran llevarse al perro de la casa. “(Lágrimas, un suspiro cortado) yo lo quería muchísimo (habla del perro). Imaginate, crecés en tu casa, con tus amistades, mi pajarito, mi empleada, que son parte de tu familia, que jamás los volvimos a ver. Fue muy duro”.
La mujer que tengo enfrente tiene 44 años, unos trillizos, un esposo norteamericano, y ha regresado al país a un encuentro de ex estudiantes del Pureza de María. Poco antes de las lágrimas dice que se siente consternada. Abraza a sus amigas. Tiene mucho que contar.
En septiembre podría convertirse, si gana las elecciones en EE.UU., en la primera nicaragüense que ocupe el cargo de representante del Estado de la Florida, lo que sería su segundo logro personal, porque actualmente es concejal del Condado de Dade.
La otra parte de la historia es su sufrimiento como exiliada y emigrante. Sin embargo, algo cambia en la personalidad de esta mujer cuando se pasa a hablar de la nueva ley de inmigración y cuando se critica al presidente George W. Bush.
De la lagrimosa dama vestida de blanco surge la feroz defensora de estos temas y esta nica, que milita en el partido de Bush, dice que el Presidente “es un hombre maravilloso”, justifica la guerra en Irak, no llora por los muertos y la transpola a Nicaragua con un discurso desempolvado al estilo McCarthy (¡todos contra los comunistas!). Es allí cuando aflora el “ala dura” de su carácter, matizado por una postura electoral.
Plantea la idea de que los nicas necesitan una representación allá, mientras afirma aquí que se siente norteamericana. “Bueno —admite— mi corazón está dividido. Por un lado quiero a mi país, pero no puedo ser desagradecida con el país que me abrió las puertas”.
¿Qué tan cercano era su papá, el coronel Ascencio, al general Somoza?
Fue comandante de Masaya, de Rivas, de allí pasó a Managua, a ayudar lo que era estabilizar la capital. Lo mandaron a León durante la guerra. Lo movían de distintos lugares para asegurar las ciudades que estaban en peligro. No sé exactamente cuál era su trabajo. Tenía 16 añitos y la vida de un militar era súper ocupada.
¿Su papá había advertido antes que estaba cerca la caída de Somoza?
Venimos a Miami para Semana Santa de 1979. ¿Quieren que compremos algo (una propiedad) por si pasa algo?, nos preguntó. Ni se nos ocurría dejar Nicaragua, pero ya ves. Para nosotros Nicaragua es la gloria. Aunque ya hemos hecho nuestras vidas en Estados Unidos y no me veo regresando.
Del pasado en Guatemala, ¿qué cosas recuerda?
Sabíamos que a mi papá lo habían visto en tal lado, pero todo fue hasta que recibimos una llamada de él. Nos dijo que estaba en Miami. Había salido en el último avión de la Cruz Roja con el perrito de nosotros, tratando de salir, al perro no lo dejaron salir del aeropuerto….
(Rompe en llanto) Lo quería muchísimo. Imaginate creces en tu casa, con tus amistades, mi pajarito, mi empleada, que son parte de tu familia, que jamás volvimos a ver. Fue muy duro llegar a un país extraño, que no hablás el idioma. Yo por lo menos había estudiado un año en EE.UU., pero no es lo mismo.
Una de las cosas que me acuerdo es que entrando a EE.UU. nos preguntan cuánto tiempo te vas a quedar. Honesta, sincera, le dije que no sabíamos cuánto. Nos queda viendo la mujer y nos dice: no se pueden quedar. Las cosas están malas en Nicaragua, respondimos. Después vino la incertidumbre.
Usted que sufrió como inmigrante y exiliada, ¿qué siente con la ley contra inmigrantes que promulga el presidente George W. Bush?
Te digo una cosa —cambia tono de voz, se seca las lágrimas—: Nosotros hicimos todo por la ley. Salimos por problemas políticos, si no nunca hubiéramos salido. Lo que se está debatiendo en EE.UU. es la inmigración ilegal. A lo ilegal no se le puede dar recompensa. ¿OK? Yo estoy de acuerdo que tiene que haber un sistema, no puedo coger para mí lo que es ciudadanía, residencia, antes que los que están poniendo sus papeles legalmente para salir de su país. Creo que lo que el señor Bush ha hecho es buenísimo, el emigrante tiene que aprender inglés, donde no vengan a ser carga para el Gobierno que está pasando una crisis enorme.
Se criticó mucho lo de las tropas de la frontera, incluso hubo un caricaturista nacional que ponía a los pieles rojas hablando de sacar a los primeros colonos estadounidenses.
Yo me veo norteamericana, he vivido más tiempo en Estados Unidos de lo que he vivido en Nicaragua, pero me gusta trasladar este caso a otra persona. ¿Cómo te gustaría a vos que se metieran hondureños, costarricenses, porque Nicaragua está surgiendo y está en una economía increíble? No nos gusta, ¿verdad que no? Porque queremos primero ocuparnos de los nicaragüenses. Es fácil criticar. Estamos hablando de 11 millones de emigrantes. Entiendo que mucha gente tiene necesidades, pero desgraciadamente se tiene que hacer con la ley. Ellos (los estadounidenses) defienden su país. Se les ha criticado que están en el borde deteniendo emigrantes, pero es su país.
¿En qué cree que desencadene esta ley?
No podemos pensar que vamos a sacar a 11 millones que ayudan a la economía del país, sabiendo claro que primero tenés que ayudar en tu casa y después a tu vecino.
El problema usted dice que es económico…
Claro es económico, grandísimo, muchos emigrantes que llegan a Estados Unidos, te lo digo que ahorita caminando por el distrito en el que voy corriendo, el 115, que nos vamos de puerta en puerta… Veo necesidad. Todo mundo habla que somos potencia, que si pateamos una piedra salen dólares para arriba, pero no es así. Voy a las puertas veo viejitos que me dicen la invitaría a pasar pero este sofá que estoy rentando por 200 dólares al mes para poder sobrevivir, porque mis rentas son 900 dólares, el gobierno me manda 365 y tengo que rentar varios sofás por 200 dólares al mes para poder pagar mi renta, mi comida.
La gente ha criticado en Estados Unidos que el dinero de la gente ha sido desviado al financiamiento de la guerra en Irak, ¿no sería lo más práctico cambiar las prioridades?
Cambiemos el nombre de Irak y le pongo Nicaragua. Imagínese que los EE.UU. entraran a Nicaragua a defender a Nicaragua, si lo tuviera que hacer, y después dejarnos al país en las garras del comunismo. Estados Unidos no puede dejar un país y salir. No podemos hacer eso. Debe terminar su misión.
Me está diciendo que usted hubiera aceptado una invasión de Estados Unidos en el país…
No una invasión de Estados Unidos porque pienso que todo país debe ser soberano y resolver sus problemas concretos. Lo que veo en Irak es que si la guerra no se hacía allá, se iba a iniciar en Estados Unidos. Vamos a comenzar con bombas en centros comerciales. Para mí el 11 de septiembre (del 2001) fue una abierta de ojos.
Una de las cosas que me puso triste es oír a los inmigrantes que entran ilegales pidiendo que se les ayude con consignas comunistas: Patria Libre o Morir. Si pedís ayuda no podés hacerlo así. Con las camisetas del Ché Guevara, quien no fue un ángel. Con eso no te digo que quisiera que los Estados Unidos entraran a Nicaragua. Pero si en un momento Nicaragua fuera un país agresivo contra Estados Unidos y ellos se tienen que defender, viviendo allá y sabiendo lo que he vivido en Miami, hay que pelearla allá (Nicaragua) y no en la tierra de nosotros (se refiere a EE.UU.). Los Estados Unidos es el último país en el que se puede vivir.
En el plano de su carrera política, ¿cómo ha sido la lucha en el partido Republicano?
Te digo sinceramente el ser nicaragüense no ha hecho ningún impacto en Miami. La gente me ve en Miami que trabajo desde las 7:00 de la mañana hasta la hora que tengo que salir por mi comunidad. Ahorita soy concejal del área de Miami Dade.
¿Conoce al presidente Bush?
Lo vi hace ocho años cuando se estaba nominando, le ayudamos en la campaña, es un hombre maravilloso con un carisma increíble; sencillo y eso es lo que al pueblo le llama la atención. Es un hombre normal. Yo le dije: ¡qué honor gobernador, no era presidente todavía, estar con el futuro presidente de los Estados Unidos! Y me quedó viendo, ¿tú crees?
¿No parece un hombre de guerra entonces?
Es un hombre muy cristiano y creo que sus decisiones las toma con certeza de que no sólo sirve a su país y está con la voluntad del Señor.
Hay otras voces que dicen que mandó a matar un montón de gente en Irak…
Y yo te puedo decir que el señor Castro invadió Nicaragua y no se le critica tanto. No lo hizo como Fidel Castro donde ha matado millones de gente. El presidente Bush está defendiendo su patria, que nos atacaron primero. Se ha ido a decir no más, no puede entrar, no voy a permitirlo, vamos a defender al país con todo su derecho.
¿No es sectaria usted?
No. Desgraciadamente en la vida uno debe tener sus convicciones firmes. En Nicaragua se usaba mucho ni chicha ni limonada. Yo soy limonada, no lo puedo cambiar. Conmigo la gente sabe lo que va a encontrar.
¿Hasta dónde quiere llegar, cuál es su sueño político?
Washington no me interesa. Soy madre, en Tallahasee (capital del Estado de la Florida, sede de los representantes) puedo regresar los fines de semana y ver a mis hijos. Me interesaría después de ocho años en la legislatura, regresar a Miami Dade a ayudar.