Durante toda la semana pasada, LA PRENSA publicó una amplia información sobre el censo nacional que realizó el año pasado el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC), del cual, algunas cifras fundamentales parecen ser —por lo menos— sorprendentes y contradictorias.
Cabe señalar que los datos de dicho censo no han sido dados a conocer oficialmente por el Gobierno, de manera que las cifras que dio a conocer LA PRENSA la semana pasada son extraoficiales, pero veraces, como lo demuestra el hecho de que no fueron refutadas por los representantes del Gobierno.
Uno de los datos más sorprendentes de este censo, es el de que durante la década de 1995 a 2005 el crecimiento de la población disminuyó casi en la mitad, pues supuestamente bajó de 3 por ciento a 1.7 por ciento. Pero, ¿acaso no ha sido precisamente al aumento de la población, al que se ha culpado durante esos mismos años de frenar el desarrollo nacional, al neutralizar los índices de crecimiento económico logrados gracias a la economía de libre mercado que volvió a funcionar en el país desde 1990, cuando se puso fin al fracasado experimento de economía mixta que impuso la revolución sandinista?
Sin duda que sería una buena noticia que el porcentaje de crecimiento de la población no fuese tan alto como se ha creído, y que los nicaragüenses seamos menos y más alto el producto nacional y el ingreso por habitante. Esto significaría que el país está saliendo del estado de pobreza extrema en que lo dejó la aventura revolucionaria de los años ochenta, y que de nuevo podemos caminar por nuestros propios pies económicos —sin las muletas de la ayuda internacional— e impulsar el desarrollo a base del propio esfuerzo nacional. Y significaría, además, que mal que bien han funcionado los programas para la planificación familiar, que tanto desde el Gobierno como desde la sociedad civil se vienen impulsando de manera sistemática desde hace ya bastantes años.
Pero decimos que “sería” una buena noticia, porque el censo del año pasado se puso en entredicho desde que se conoció la pérdida de 99,600 boletas censales, y porque el Gobierno se ha tomado demasiado tiempo para dar a conocer la información censal de manera oficial. A pesar de que el INEC ha asegurado que la desaparición de esa gran cantidad de boletas censales carece de importancia porque los datos contenidos en ellas ya habían sido introducidos al sistema informático, lo cierto es que la pérdida representa casi el cinco por ciento del total de dos millones de boletas, y en consecuencia mientras este hecho no se aclare en forma convincente persistirá la duda pública con respecto al censo.
El censo de población tiene una importancia esencial para el país, porque es el instrumento que permite obtener innumerables datos particulares y generales acerca de los habitantes del país, lo cual es indispensable conocer para gobernar de manera consciente, ordenada y eficaz. Gracias al censo se puede conocer la cantidad de población que hay en el país y su dinámica de crecimiento, el nivel de educación y cultura de la gente, las creencias religiosas, la situación en los hogares y las necesidades de vivienda e infraestructura, la distribución de la riqueza que se produce y el porcentaje de la población que está afectada por la pobreza regular y la pobreza extrema, etc. Sin la información censal es prácticamente imposible diseñar y ejecutar las estrategias apropiadas de asistencia a la población y desarrollo nacional, y precisamente por eso es que el censo se debe hacer en forma impecable y sus datos tienen que ser absolutamente confiables.
Según historiadores, el primer censo de la historia humana se hizo en la antigua y lejana China, en el año 2238 antes de Cristo, ordenado por el emperador Yao para saber cuántos súbditos tenía bajo su poder y cuáles eran las labores agrícolas a las que se dedicaba la gente. Desde entonces este instrumento de organización social y de gobierno se ha venido desarrollando hasta alcanzar casi el límite de la perfección. Sin embargo en Nicaragua los datos censales siguen siendo poco confiables, debido a la ocurrencia de hechos insólitos como la pérdida de miles de boletas censales y la ineficiencia de una administración gubernamental, que es más ducha en las artimañas de la política que en el arte y la ciencia de gobernar con transparencia y eficiencia.