El Cairo/EFE
El Mundial de futbol de Alemania, transmitido en Egipto por un canal de pago, ha despertado el ingenio y la picaresca de quienes no quieren perdérselo, y se ha convertido en negocio, incentivo para los fieles y hasta propaganda política.
Según las cifras oficiales, el número de personas que han pagado la cuota para abonarse al Mundial no alcanza los tres millones de personas, en un país que supera los 70 y donde todos los fines de semana cafeterías y restaurantes se llenan de aficionados a la liga local y a las europeas.
El canal de televisión saudí ART, en posesión exclusiva de los derechos de difusión para todo el mundo árabe, pidió al Gobierno egipcio 20 millones de dólares por retransmitirlo en abierto para todo el país.
Sin embargo, el ejecutivo se negó, arguyendo que era una cantidad demasiado elevada, lo que abrió las puertas de la imaginación a todos los fanáticos del futbol para encontrar la manera de no perderse los partidos del esperado Mundial.
Cafés, hoteles, restaurantes, clubes deportivos, agrupaciones políticas, piratas televisivos y hasta hombres de religión han visto la posibilidad de aprovecharse de la situación en beneficio de la afición y del futbol.
Locales de “narguiles” (pipas de agua) y té, donde el consumo no suele superar una libra egipcia (veinte céntimos de dólar), han triplicado y hasta octuplicado el consumo mínimo a quienes se acercan a estos cafés populares a disfrutar de la emoción del futbol.
Sin embargo, no todos los egipcios están dispuestos o pueden permitirse estos gastos extras en un país donde el salario en las escalas inferiores no supera las 150 libras mensuales (26 dólares).
En barrios como Heliópolis, Feisal o Al Haram peluqueros, tenderos, electricistas, fontaneros y todo tipo de negociantes han decidido “compartir” los gastos de suscripción al canal ART, y por sólo 20 libras y un cable consiguen engancharse a un receptor comunal y equipar su negocio.