Centroamérica: por una verdadera integración

Desde los años de nuestra independencia, las naciones centroamericanas han intentado conformar una sola nación, primero intentando una integración a través de métodos políticos y luego en el siglo pasado se intentó alcanzar una integración a través de los métodos comerciales, pero aparentemente algo está faltando para alcanzar esa verdadera integración soñada por tantos próceres […]

Desde los años de nuestra independencia, las naciones centroamericanas han intentado conformar una sola nación, primero intentando una integración a través de métodos políticos y luego en el siglo pasado se intentó alcanzar una integración a través de los métodos comerciales, pero aparentemente algo está faltando para alcanzar esa verdadera integración soñada por tantos próceres de la historia centroamericana.

Los logros alcanzados a través de los métodos comerciales son muy escasos. Entre los más destacados se pueden mencionar las negociaciones de la Unión Aduanera, el hecho de que ya no se requiera de visa ni pasaporte para poder viajar a otras naciones miembros del CA-4 son logros muy importantes, pero aun insuficientes.

No quiero minimizar la importancia de estos logros, menos cuando se analizan todas las dificultades que las naciones centroamericanas han atravesado no sólo desde la iniciación de las negociaciones del MCCA en la década de los sesenta, sino desde nuestra independencia, entre las cuales se pueden mencionar desde disputas territoriales hasta guerras entre naciones hermanas.

Y quizás este es el hecho que se ha olvidado, quizás las naciones centroamericanas, los pueblos centroamericanos hemos olvidado que en algún momento de nuestra historia fuimos un solo territorio, en donde no existían limites ni fronteras, no había visas ni banderas.

Entonces ¿Qué se debe hacer para alcanzar una verdadera integración centroamericana?

Se me ocurre que las negociaciones de nuestra integración deben mirar un poco hacia atrás, hacia el pasado y encontrarán la respuesta. Deben retroceder y llegar hasta el momento en el que fuimos una sola nación, en donde la intervención externa en nuestros asuntos eran inexistentes, hasta que llegó la colonia, hasta que llegaron los marines y la globalización.

Yo apoyo los intentos unionistas de todos los gobiernos que quieren ver unas naciones centroamericanas más prósperas y desarrolladas, pero repudio a aquella nación que con mucha prepotencia, elaboran leyes para acrecentar aun más las diferencias e impiden nutrir los esfuerzos unionistas.

Apoyo a las naciones que han logrado dejar atrás sus diferencias históricas y empiezan a trabajar para llegar a ser nuevamente un solo pueblo, recordando que todos somos centroamericanos, que nuestra independencia no se negoció individualmente, sino en conjunto, recordando que procedemos de una misma combinación de razas.

Yo me uno a las intenciones de lograr una verdadera integración, sin embargo, pienso que más allá de una integración económica, lo primero es alcanzar una integración social y todos los elementos y objetivos que ésta conlleva, elementos que nutren una integración a través de la educación, a través de la disminución de las desigualdades, productos de las diferencias económicas.

Mi concepción de una integración centroamericana es muy parecida a la Unión Europea, en donde las naciones históricamente antagónicas como Francia y Alemania lograron dejar atrás sus diferencias y sentarse en las mesas de negociaciones hace ya más de 50 años y llegar a donde hoy están.

Desde mi punto de vista una integración comercial sólo sirve para manifestar aún más las diferencias derivadas de los diferentes niveles de vida que en Centroamérica existen y por ende despertar un cierto desprecio hacia aquellas naciones más pobres de la región, como intentando escapar a una enfermedad, como si el ser una nación con menos PIB anual se tratara de una enfermedad contagiosa y despertando de cierta forma un sentimiento de apartheid.

Mientras que una integración social tiene un objetivo más unionista, en donde se busca introducir a la sociedad a aquellas personas que poseen distintas capacidades, pero que no dejan de ser útiles, capacidades que pueden ser explotadas mutuamente, es imposible pensar que en Nicaragua no existe un trabajo que se adapte a las habilidades de un costarricense o viceversa. Me es difícil creer que a través de la educación no se puede empezar a crear dentro de las mentes de los jóvenes y de los niños una concepción de que todos somos miembros de una sola nación centroamericana.

En conclusión, es importante creer en la integración centroamericana, pues parafraseando a Carlos M. Castillo: “la integración es la respuesta a los problemas que afrontan estos países, como son la necesidad de rescatar lazos tradicionales y la necesidad de realizar ajustes económicos internos…”

El autor realiza estudios de relaciones internacionales

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