“Paguen a cada uno lo que le corresponde: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto, al que deban honor ríndanle honor, ríndanle honor. Romanos 13:7 en vista de que los impuestos siguen aumentando el Consejo supracitado tal vez resulta difícil de aceptar. No obstante, dichas palabras las pronunció un escritor bíblico: el apóstol Pablo. Por eso tal vez nos preguntemos: Deben los cristianos pagar todos los impuestos, incluso los que para algunos resulten abusivos o injustos.
Pues bien, pese a saber cuan agraviados se sentían sus compatriotas judíos por los impuestos Romanos, Jesús dio esta exhortación a sus discípulos: “Paguen a César las cosas del César, pero a Dios las cosas de Dios. El consejo de Jesús de pagar a “César las cosas del César” no tiene por qué limitarse a los impuestos, porque por cosas del César no entendemos sólo los impuestos civiles, sino todo aquello a lo que el César tenía derecho en virtud de su legítima autoridad.
Es digno de señalar que Jesús recomendó el pago de tributos al mismísimo gobierno que poco después lo ejecutaría.
Años más tarde, Pablo dio el consejo mencionado al principio. Instó a pagar impuestos aunque gran parte del dinero se utiliza con fines militares y para sufragar la vida inmoral y llena de excesos de los emperadores romanos.
Tenían los cristianos la misma obligación cuando los regían personas no creyentes e idólatras. Claro que sí, pues Pablo mostró que Dios les había concedido “autoridad” a dichos gobernantes.
Los gobiernos se valen de muchos medios para mantener el orden, y eso permite a los cristianos realizar sus actividades espirituales.
Por eso Pablo dijo respeto a las autoridades de su tiempo: “Es ministro de Dios para ti para bien tuyo” Romanos 13:4. El mismo aprovechó la protección de Roma. Por ejemplo, fueron soldados romanos quienes lo rescataron cuando su vida peligró ante una turba. Más tarde apeló a la justicia romana para continuar en el servicio misional.
Por consiguiente el apóstol dio tres razones para pagar tributos. En primer lugar los gobiernos castigan con “ira” a los infractores. En segundo lugar, el fraude perjudicaría gravemente la conciencia del ciudadano y por último, los impuestos constituyen una compensación por los servicios que prestan las autoridades en calidad de siervos públicos.
Claro está que los cristianos tienen derechos a beneficiarse de las rebajas fiscales, como las que se conceden a veces en donación a favor de entidades religiosas. Sin embargo, en obediencia a la palabra del Creador, los cristianos verdaderos no defraudan a Hacienda; más bien pagan sus impuestos y dejan que las autoridades asuman la responsabilidad de cómo los emplean. Casi todo el mundo reconoce aunque sea a disgusto que los impuestos benefician a la comunidad. Me comentaba un Administrador de Rentas en cierta ocasión que a nadie le gusta pagarlos, pero pocos sostienen que nos iría mejor sin ellos. Según cálculos el 85 por ciento de la ciudadanía nicaragüense cumple con el fisco, yo creo que muchas inexactitudes se deben a la complejidad de las leyes y procedimientos, no a que se obre de mala fe.
Con todo, hay quienes hallan maneras de evitar el pago de ciertos impuestos como por ejemplo lo relacionado al impuesto sobre sociedades: numerosas compañías eluden legalmente gran parte de sus obligaciones, y a veces todas, mediante desgravaciones fiscales y maniobras contables. Los impuestos. Los impuestos suelen generar rechazo en todo el mundo, porque son complejos y elevados, pero finalmente el público en general reconoce que los impuestos son necesarios y no objeta al pago que les corresponde.
El autor es analista fiscal