- Es el “motor” de los fanáticos
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EL JUGADOR Nº 13
COLONIA/AFP
La Copa del Mundo de futbol de Alemania-2006 no sería una fiesta completa si no fuera por la presencia generosa de lo que podría considerarse ‘motor’ de los fanáticos y turistas que siguen los partidos del torneo: la venerada cerveza alemana.
Y no es apenas un detalle. Junto a los hinchas —jugador número 12 para muchas selecciones como Australia, Alemania o Inglaterra— está la cerveza.
Esto salta a la vista todos los días en bares, restaurantes y calles con el masivo consumo de esa tradicional bebida teutona, sobre todo catapultada por una ola de fuerte calor en los últimos días, lo que se traslada a la economía local y a los ‘ánimos coperos’ de los hinchas.
Sin embargo, la venta libre de cerveza con alcohol en estadios y zonas circundantes los días de partido, había generado dudas por la posibilidad de que abriera paso a incidentes violentos entre hinchas, sobre todos europeos.
El Comité Organizador dio su bendición y generó satisfacción absoluta en productores, comerciantes e hinchas, además de respetar una antigua tradición de la ‘tierra de la cerveza’.
Todavía rige la ley aprobada en el siglo XVI por el duque Guillermo IV de Bavaria, que marcaba las pautas de pureza para fabricar la cerveza con apenas cuatro componentes (base con agua, malta, lúpulo y levadura) y evitar así adulteraciones.
Eso demuestra que la cerveza en Alemania es asunto serio. Por eso llegó a instaurarse hace poco tiempo el ‘Día de la cerveza’, el 23 de abril. De todas maneras, no sólo se trata de tradición.
Los empresarios sonríen de oreja a oreja porque estimando que se venderían unas 3,2 millones de entradas y cada espectador consumiría un litro per cápita, los ingresos por la venta del espumoso ‘exilir copero’ en estadios pueden llegar a 16 millones de euros, con un precio promedio de 5 euros por litro.
Sin embargo, en áreas tradicionalmente elevadas en consumo, como Munich o Dortmund, una jarra con un litro de cerveza puede salir a 6 euros en un ‘biergarten’ (salones de bebedores).
En cuanto a la peligrosa ‘conexión cerveza-violencia’, los organizadores prefirieron podar la planta, en vez de cortarla de raíz.
Por eso, se invirtió más en seguridad, con estricto control de los hinchas más fanáticos en encuentros de equipos con antecedentes poco felices, como Inglaterra, Holanda, Polonia o el mismo anfitrión Alemania.