La guerra bonita

El futbol es un fenómeno deportivo que cautiva e involucra a centenares de millones de personas en todos los países del mundo, que en estos días sigue con inusitada atención el desarrollo de la Copa Mundial de Futbol, que desde hace una semana se está celebrando en Alemania y en la cual los mejores 32 equipos de todo el planeta luchan de manera dramática y apasionante para decidir cuál es el mejor de ellos.

Del futbol se puede decir lo mismo que el mariscal alemán Karl von Clausewitz (1780-1831) dijera acerca de la política, o sea que es la continuación de la guerra por otros medios. Al respecto el director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris), de Francia, Pascal Boniface, advirtió en un artículo recientemente publicado que “en un partido de futbol, los rituales —ondear de banderas, himnos nacionales, cantos colectivos— y el lenguaje (inician ‘hostilidades’, se ‘dispara’ a la portería, se ‘destroza’ a la defensa, se lanzan ‘cañonazos’) refuerzan la percepción de que se trata de una guerra por otros medios”. Y recuerda Boniface que “de hecho, una guerra verdadera empezó a causa del balompié. En 1969, Honduras y El Salvador chocaron militarmente después de un partido de clasificación para el Mundial”.

Otros autores han escrito acerca de que los antiguos griegos y romanos instituyeron sus famosos juegos deportivos (como los Olímpicos), no sólo para venerar a sus dioses y honrar a sus muertos ilustres, sino también para formar a los jóvenes en el espíritu de marcialidad, para que desarrollaran su capacidad de soportar las fatigas militares, para aumentar la fuerza del cuerpo y la fortaleza del espíritu (mente sana en cuerpo sano era el lema de las competencias deportivas romanas), y en muchas ocasiones para sustituir las guerras con otros pueblos y entre ellos mismos, pues de otra manera hubieran estado todo el tiempo envueltos en conflictos bélicos.

Se podría decir, entonces, que la competencia de futbol es como una guerra bonita, que emociona a los individuos y despierta pasiones a las multitudes —llevándolos, a veces, a situaciones extremas, como la guerra de El Salvador y Honduras en 1969, las acciones vandálicas de los “hooligans” ingleses o la paliza que recientemente una turba de fanáticos propinó a deportistas y árbitros en Bluefields—, pero que en términos generales evita y sustituye devastadores y sangrientos conflictos bélicos. O sea que de no ser por el futbol tal vez habría más guerras en el mundo.

En este sentido cabe mencionar otro artículo publicado en estos días en varios periódicos del mundo, escrito por el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, titulado La Copa del Mundo: ¡qué envidia! En este artículo Annan hace algunas comparaciones “envidiosas” entre el juego de futbol —y específicamente el campeonato mundial de este deporte que se disputa actualmente en Alemania— y las relaciones internacionales.

Dice Annan que lo más envidiable de la Copa Mundial de Futbol es que se trata de un acontecimiento en el que realmente vemos los goles. “No me refiero solamente a los goles marcados por cada país, sino también al gol, al objetivo más importante de todos: estar allí, formar parte de la familia de naciones y pueblos que celebran su humanidad común”, precisa el Secretario General de la ONU.

En realidad, la relación entre los pueblos por medio de una competencia deportiva tan singular, como es la del futbol, puede considerarse como ideal en cuanto a que representa un apropiado sustituto de la guerra entre las naciones. En todo caso, lo único que debemos lamentar es que Nicaragua no pueda participar en las copas mundiales de futbol. A pesar de que la práctica del futbol y la afición popular por ese deporte aumentan continuamente en el país, estamos muy lejos de alcanzar el nivel de competitividad que se requiere para participar en una Copa Mundial.

Pero otros países centroamericanos —Costa Rica, Honduras y El Salvador— han participado en copas mundiales de futbol, aunque con resultados bastante modestos. Y si ellos lo han hecho, Nicaragua debería proponerse poder hacerlo también algún día. Los esfuerzos de superación que hacen los futbolistas nicaragüenses y el creciente apoyo que les dan los aficionados, deberían motivar a los gobernantes de Nicaragua a promover el desarrollo y mejoramiento del futbol y en general de todo el deporte nacional.

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