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Holanda 2, Costa de Marfil 1. ¡Qué difícil fue! No exagero: la computadora está sudando.
Ustedes lo vieron. Holanda estuvo al borde del infarto presionada intensamente por la velocidad, el atrevimiento y capacidad para agobiar, que mostró Costa de Marfil.
En un partido vibrante, de ritmo sostenido, a ratos alucinante, muy buena calidad técnica y sufrimiento compartido, Holanda logró imponerse 2-1 asegurando su pasaporte a octavos de final, antes del esperado duelo con la crecida Argentina.
Se advirtió, con anticipación, que Costa de Marfil, que maneja un futbol cargado de agresividad, sería un rival muy difícil para cualquiera, pero cuando Holanda tomó ventaja 1-0 a los 22 minutos con ese escalofriante tiro libre de Robin van Pierse, el fiero atacante del Arsenal, y aumentó 2-0, casi de inmediato, con el gol de Rudd van Nistelrooy concretando un pase de Arjen Robben, pensamos que Costa de Marfil podría desaparecer como amenaza.
No fue así. El brioso equipo africano, que fue capaz de eliminar a Camerún y Egipto en su zona, comenzó a mostrarse de cuerpo entero con penetraciones de Didier Zokora, Yaya Toure, Bakary Kone y Didier Drogba, consiguiendo un importante acompañamiento, y Holanda se vio obligada a pelear bravamente cada centímetro del terreno.
El gol de Kone a los 38 minutos, culminando una gestión personal desequilibrante, con un soberbio taponazo rompe-vientos que erizó los pelos y encogió los brazos del veterano arquero Edwin Van der Sar, recortó la distancia y altero el sistema nervioso de los holandeses.
Lo constante de las acciones ofensivas, usualmente bien orientadas y consecuentemente peligrosas, mantuvieron una agitación permanente y una inseguridad difícil de sujetar.
Holanda fajándose con Costa de Marfil. Diablos, ¡cómo se ha transformado el paralelogramo de las fuerzas en el futbol actual!
Cierto, Costa de Marfil todavía no consigue el entendimiento deseado, pero no es un equipo limitado. Tiene variedad para salir, sabe moverse en el medio, y su mejor acción, es la desbordante.
Estatura, fuerza y rapidez, con un concepto del juego cada vez más claro, permiten a Costa de Marfil una profundidad que mantuvo preocupados a los holandeses, cuyo futbol rotacional, funcionó, pero no fue aturdidor y tampoco evitó quedar expuestos a los temidos contragolpes de los “Elefantes”.
Cobijado por un gigantesco signo de interrogación, el segundo tiempo logró la misma intensidad, con el equipo africado volcándose en los primeros 10 minutos, desarmando a los holandeses, que en medio de la desesperación, en vista del aislamiento de Van Nistelrooy, trataron de depender de la versatilidad de Robben.
Sin embargo, el mayor oficio de Holanda, fue muy útil para enfriar momentos calientes y salir de las brasas. Fue así como el equipo europeo sobrevivió, manteniendo a hierro y fuego un 0-0 en los últimos 45 minutos.