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Berlin, Alemania/AFP
Algunos jugadores dedicaron sus triunfos motivados por el cariño y el agradecimiento en el Mundial de Alemania 2006, pero no faltó quien estaba con la sangre en el ojo y esperaba al acecho su revancha.
El arquero de México, Oswaldo Sánchez, se arrodilló, miró al cielo y se echó a llorar el día del partido que su equipo le ganó a Irán 3-1, en espontáneo homenaje a su padre, muerto cuatro días atrás.
“Para mí es un día especial, porque viví una emoción y también tenía muchos sentimientos encontrados, pero mi padre que está en el cielo me dio fuerzas y nos echó una manito para el triunfo”, declaró Sánchez aquella tarde en Nuremberg.
El padre de Sánchez había fallecido a los 55 años, de una crisis cardíaca, y el dolorido guardameta viajó de vuelta a su país para asistir al entierro, a menos de 24 horas del debut en la Copa del Mundo.
“No le podía fallar a mi padre, él era el primero que quería que jugara”, relató el guardavalla, protagonista de uno de los momentos de mayor vibración sentimental en lo que va de la Copa Mundial.
Otro ofrenda póstuma, pero ingenioso y divertido, fue la del ecuatoriano Iván Kaviedes, quien extrajo de entre sus ropas una máscara del hombre araña y se la puso en la cancha para celebrar el tercer gol marcado a Costa Rica (3-0).
El tributo de Kaviedes estaba dedicado a Otilino Tenorio, muerto en mayo del año pasado en un accidente de tránsito y a quien llamaban el enmascarado por su rutina de festejar los goles poniéndose un pedazo de tela sobre los ojos.
Kaviedes, quien había sido compañero de Otilino Tenorio en la vanguardia de Ecuador, no será sancionado por la FIFA que está castigando los festejos fuera de lugar, tal vez como un reconocimiento de excepción al valor del gesto.
HISLOP TAMBIÉN
Otro homenaje post-mórtem, aunque sorpresivo, fue el que pronunció el experimentado arquero Shaka Hislop, de los combativos “Soca Warriors” de Trinidad de Tobago y héroe del empate 0-0 ante Suecia, en Dortmund.
“Pensé en un compañero de equipo fallecido en un accidente para sacar fuerzas”, confesó Hislop.
Hislop dijo que “mientras todo el mundo festeja este gran logro, para mí será aún un tiempo de lágrimas y tristeza, por el recuerdo de Mickey Trotman”, colega suyo muerto en un accidente.
“Mickey fue un gran amigo y aún lo extrañamos mucho”, dijo. “Lo que sucedió fue una tragedia, no sólo porque era un futbolista talentoso que le hubiera encantado jugar el Mundial, sino porque era un ser humano fantástico”, reflexionó.
Pero el carro de las victorias inspira otros sentimientos, como el del delantero italiano Vincenzo Iaquinta, quien le dedicó irónicamente a sus críticos el segundo gol que marcó para la victoria 2-0 ante Ghana en Duisburgo.
“Mucha gente decía que no tenía que formar parte de este equipo, por lo que este gol contra Ghana para mí fue liberador. Fue una revancha”, dijo Iaquinta.
El atacante del Udinese dijo aquella noche que había escuchado “cosas horribles” sobre su inclusión en el plantel.
“Pero no dejé que me afectaran y sólo pensé en entrenar duro”, dijo luego de haberse servido frío el plato de la venganza.