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Elegante en su juego, dominador de los dos perfiles y con buen trato de pelota, el zaguero y capitán mexicano Rafael Márquez agrega a sus condiciones naturales el temperamento de un líder.
Nacido el 13 de febrero de 1979 en la localidad de Zamora, en el occidental Estado de Michoacán, “Rafa” Márquez se destaca como un zaguero muy hábil e incluso muchos entendidos aseguran que podría desempeñarse también como volante de enganche.
Y eso debido también a su potente disparo de pierna derecha, su buen remate de cabeza y la claridad para habilitar a sus compañeros del mediocampo y la delantera.
El FC Barcelona, su actual club, puede dar fe de ello porque en 2005 y a partir de las lesiones de los brasileños Thiago Motta y Edmilson, Márquez fungió como eje medio.
Actualmente es un fijo de la selección y en el anterior Mundial de Japón y Corea del Sur-2002 disputó los cuatro partidos hasta que México fue eliminado en octavos de final.
De llano de Guadalajara a la cima
El mexicano saltó al profesionalismo en 1996 cuando militaba en el club Atlas de la ciudad de Guadalajara (oeste) y tres años más tarde ya se ponía la casaca del “Tri”.
Debido a su destacada actuación en la Copa América de Paraguay-1999, a la que México asistió como invitado, fue contratado por el club francés AS Mónaco, que compró su ficha al Atlas por cinco millones de dólares.
“Rafa” brilló durante cuatro temporadas con el Mónaco hasta que el equipo catalán puso sus ojos en él y se lo llevó a filas, previo pago de entre 5 y 7 millones de euros.
En el equipo del Principado ya había obtenido los títulos de la Liga (2000) y la Copa (2003) francesas. En la capital catalana se alzó la temporada 2004-2005 también con el Campeonato español.
Pero la fama y el dinero no han cambiado al chico del Atlas, que el pasado septiembre creó una fundación que lleva su nombre para ayudar a los niños pobres de su país.
En la fundación, que tiene por lema las palabras “futbol y corazón”, también participan los futbolistas mexicanos Oswaldo Sánchez, Pavel Pardo y Jared Borgetti.
El jugador reconoció que en lo personal en su infancia no le “faltó nada”, pero el hecho de no haber vivido la pobreza, “no quiere decir que no sepa de ella”.