- Escenas que incluyen animales en peligro de extinción, felinos salvajes y hasta mariposas copulando, cobran vida en la Reserva Privada Domitila, para remontarnos mentalmente a los documentales que algunos sólo ven por la televisión
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Ver Infografia > La luz solar y el olor a gallo pinto con pan de ajo es lo que marca la diferencia entre un amanecer y un anochecer en la Reserva Privada Domitila, pues el silencio que se percibe es apenas arrebatado por el canto de las aves y los gritos de los monos congos que inundan los árboles.
Esta sensación de desconecte total con el mundo real la ofrece la Reserva Privada Domitila. Un lugar ubicado a algunos kilómetros de Nandaime, donde no se escucha ni la bocina de un automóvil. Para quienes gustan de un contacto cercano con la naturaleza es un lugar ideal.
Los senderos de la reserva están acompañados de una enorme variedad de flora, existen árboles que están en peligro de extinción, como el zapote mico (Couropita nicaragüensis) y el pochote (Bombacopsis quinatum). Así como diversas especies de animales que se refugian en las entrañas del bosque tropical seco.
Los animales dóciles, como los zorros y ardillas, acompañan a los turistas por todo el camino, mientras otros, como los feroces felinos, tigrillos, pumas y gatos de monte, los ven de lejos sin intención de atacar, pues hay de todo, desde un simple gusanito “rosquilla” hasta una boa.
En este sitio se observa la fauna como si se estuviera en una pasarela sobre la que desfila una gran cantidad de especies animales. La flora también pone su parte y complementa un escenario espectacular.
Cabañas naturales
Los cuartos para dormir están elaborados de pura madera, lo que les da un toque rústico, el techo está hecho de paja y los servicios higiénicos son orgánicos, ya que los residuos se utilizan como abono natural y ayudan a reducir al mínimo la basura.
La alimentación que consumen los huéspedes está basada en hortalizas y frutas propias del país, las cuales son sembradas y procesadas por manos nicaragüenses.
Domitila fue creada en el 2001 como una reserva privada, con el Fondo de Pequeños Proyectos del Marena y la ayuda de la Agencia Danesa para el Desarrollo (Danida). Sus propietarios, desde un principio, buscaron preservar la vida silvestre.
Está localizada en la orilla occidental del Lago Cocibolca a la sombra del volcán Mombacho. La reserva es parte de una propiedad adquirida originalmente por don Eulogio Morales, en 1881.
“Desde entonces, la propiedad se ha mantenido en manos de sus descendientes y por ende a mi marido Silvio Mejía (q.e.p.d.) y a mí”, afirma su actual administradora, María José de Mejía.
Caminar por los senderos
Dentro de los atractivos que ofrece este lugar está la caminata por los senderos, ya sea a pie, a caballo o en carreta jalada por bueyes.
Los guías son dos adolescentes originarios de la región, su propietaria y sus tres cachorros de perro. Como mínimo cada tour dura dos horas, aunque esto va en dependencia de lo que el visitante desee.
También se puede navegar en barco sobre el Lago de Nicaragua, por un corto tiempo, para visitar varios sitios precolombinos en la Isla Zapatera.
Para iniciar la marcha se necesitan zapatos deportivos o botas fuertes, ya que el bosque tropical seco tiene las características de un clima cálido y cuando llueve el lodo tiende a aumentar.
La presencia de mosquitos es mínima, aunque siempre es importante llevar repelente para prevenir molestias.
El tour ofrece agua purificada y algunas frutas que son cosechadas dentro de la misma reserva.
En su mayoría, los visitantes que acuden a esta reserva son extranjeros estudiosos de la naturaleza que llegan a investigar sobre los atractivos que ofrece un bosque de esta categoría, uno de los pocos en Nicaragua.