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TARVER LUCIÓ DESVANECIDO EN EL RING
Como construido de granito, todavía con un volcán adentro rugiendo fuerte, resistiendo al envejecimiento, mostrando lo que conserva de agallas y clase, reencarnando a Joe Walcott o Archie Moore, así lució Bernard Hopkins frente a Antonio Tarver la noche del sábado en ruta hacia su victoria más significativa.
¿Alguien se percató de los 41 años de Bernard Hopkins, y que saltaba atrevidamente desde las 160 libras hasta las 175?
En ningún momento, Hopkins, quien superó el récord de defensas de Carlos Monzón entre los medianos, agrandando la cifra a 20, pareció ser un púgil que venía de dos derrotas frente a Jermaine Taylor, y tampoco Tarver el joven impetuoso, que fue dos veces verdugo de Roy Jones.
Algunos expertos, sólo le concedieron a Tarver un round, el octavo, y aunque la caída que le contabilizaron en el quinto por tocar la lona con su puño izquierdo tratando de recuperar el equilibrio perdido, puede seguir siendo tema de discusiones, la decisión a favor de Hopkins fue tan amplia como un océano, por 9 puntos en las tarjetas.
Al sonar el último campanazo, el ojo derecho de Tarver, estaba casi clausurado y el izquierdo severamente golpeado, en tanto sus costillas machacadas por un consistente bombardeo.
Hopkins, el brillante destructor de Félix “Tito” Trinidad y Oscar De la Hoya, se mostró sorprendentemente rápido y preciso sometiendo a Tarver a una humillación fuera de todas las consideraciones previas.
El mayor mérito de Tarver, fue escapar al nocaut, posibilidad que estuvo flotando a su alrededor, sobre todo en los últimos asaltos, con Hopkins aún cargado de energías, golpeando con una frecuencia llamativa.
Ron Borges del Boston Globe se refiere a la impresionante ofensiva desplegada por Hopkins en el round 11, similar a la que terminó con Tito Trinidad en el 2001, en el ring del Madison Square Garden en Nueva York, asombrando al mundo del boxeo.