“Sabemos que Dios mismo no se resignó a una situación y entró directamente en la historia del hombre y esta se convirtió en historia de salvación”.
(Benedicto XVI)
Cierto día vino a visitarme un hombre. Lucía sumamente abatido. Me dijo: “Yo soy católico, pero me siento defraudado por mis pastores”. Aludía a determinadas posturas de algunos jerarcas, rayanas en política partidaria partidista, según su apreciación.
Traté de buscar una forma de justificar el proceder de aquellos pastores a quien se refería mi visitante, un hombre del pueblo, sencillo, desprovisto de malicia alguna, auténticamente decepcionado, pero sólo vino a mi mente aquella acertada expresión del documento de Puebla, en donde los obispos latinoamericanos advierten que el pueblo de Dios posee una especial intuición para captar quién sirve realmente a los intereses de Dios y quién sirve a otros intereses. Consciente o inconscientemente, podría agregarse… Aquí lo que más importa es el efecto que produce en el pueblo de Dios la postura partidista asumida principalmente por el hombre de Iglesia. Todavía, desgraciadamente, un porcentaje de la feligresía de nuestra Iglesia Católica se rige por la conducta de sus obispos y sacerdotes. Eso denota una falla en la evangelización.
Por otra parte, no hay que perder de vista la astucia practicada por los políticos —salvo raras excepciones—, sobre todo en períodos preelectorales y electorales, particularmente, la de algunos candidatos presidenciales…
Es hora, entonces, de terminar de una vez por todas con esa manipulación de la Iglesia de parte de los políticos electoreros, que la misma Iglesia se haga respetar… Política general sí, política partidista: Noooo.