El fanatismo que provoca el Mundial es mayúsculo. (la prensa/ap)

Los EE.UU. sin la fiebre

Pero crece audiencia por el Mundial de Fut Washington/Afp Mientras en el planeta aumenta la fiebre del Mundial 2006 de Futbol de Alemania, Estados Unidos, cuya selección debutará el lunes, será uno de los raros pueblos que escapa a la locura del balón, aunque el interés ha crecido en relación a la Copa del 2002. […]

  • Pero crece audiencia por el Mundial de Fut

Washington/Afp

Mientras en el planeta aumenta la fiebre del Mundial 2006 de Futbol de Alemania, Estados Unidos, cuya selección debutará el lunes, será uno de los raros pueblos que escapa a la locura del balón, aunque el interés ha crecido en relación a la Copa del 2002.

“Desde siempre, es una evidencia, los estadounidenses son la excepción y tienden a marginarse del mundo del futbol. Pero hacemos progresos gracias a los resultados de nuestro equipo nacional”, explica Joey Josephs, directora de comunicación de la Liga norteamericana de futbol.

“El fenómeno Lance Armstrong (ciclista estadounidense que ganó el Tour de Francia siete veces seguidas) hace descubrir a muchos norteamericanos esa prueba francesa y eso se podría repetir con el futbol”, dice Josephs, quien cree mucho en el sentimiento del “orgullo nacional”.

Los tiempos cambiaron desde 1994, año en el que Estados Unidos organizó la Copa del Mundo. En ese entonces, el organizador Alan Rothenberg temía que “los norteamericanos no supieran que una manifestación de gran amplitud mundial iba a desarrollarse en su propio país”.

Hoy, la prensa, las radios y las cadenas de televisión tratan mucho más el tema. “Se nota un interés creciente en relación al 2002”, destaca el Washington Post, que consagró esta semana un artículo en tapa y un suplemento especial del torneo.

Por todo ello, el número de periodistas estadounidenses acreditados aumentó, comentan los profesionales.

Sin embargo, el fervor una vez más brilla por su ausencia en el país de los negocios y del futbol, pero americano.

A diferencia de otros países, los trabajadores norteamericanos no cambiarían sus horarios de trabajo para mirar por televisión un partido del equipo nacional.

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