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Mantener una amistad es como conservar un matrimonio. La amistad beneficia mucho al ser humano porque estrecha sus vínculos afectivos y mientras más relaciones sociales sostengamos, más reafirmación vamos a tener sobre nosotros mismos y nuestra autoestima.
En general, elegimos personas que son similares a nosotros en edad, entorno social, gustos, preferencias, porque entre más cosas en común se tienen, el lazo afectivo es mucho más fuerte.
Entre mujeres se establecen relaciones fácilmente, porque solemos llevar las amistades a un plano afectivo, mientras que los hombres la mayoría de las veces llevan la amistad a un plano superficial, es muy difícil que lleguen a compartir aspectos muy íntimos de su vida, que hablen de sus sentimientos, de cómo experimentan un evento que los ha marcado y que los hace sentir tristes o alegres, porque la misma sociedad se los ha impedido.
Las mujeres tenemos la ventaja de que siempre tenemos a alguien para compartir lo que nos está pasando, estamos acostumbradas a hablar de ello, lo cual es saludable. Por eso, cuando los hombres sienten la necesidad de expresarse, buscan a la madre, la hermana, que es con quienes tienen lazos afectivos establecidos y, en última instancia, a una amiga porque las mujeres proporcionamos tranquilidad, confianza y establecemos ese lazo afectivo.
Amistades peligrosas
Cuando la relación tiene muchos años de existir, la otra persona ha sido cómplice y testigo de todas las cosas que le han ocurrido, está tan involucrada emocionalmente, que siente la responsabilidad de darle solución a algo que piensa que es incorrecto o que está mal, se atribuye actos que no le corresponden. Entonces es responsabilidad de la otra persona marcar los límites, recordarle lo que significa la amistad y qué le incomoda porque cuando uno se siente invadido, debe expresarlo.
La amistad sana es la que se basa en la libertad de decidir cuándo compartir, qué compartir, aceptar a la otra persona como es, con sus defectos y virtudes y saber escuchar.