“Junto con San Pedro, decid: ‘Quien cree en Cristo, no temerá nunca’”.
(Benedicto XVI)
El famoso Obispo norteamericano, monseñor Fulthon J. Sheen (q.e.p.d.), afirmaba que lo que Jesús nos dice que no hagamos es, exactamente, lo que más hacemos. A lo largo y ancho del Evangelio, por ejemplo nuestro Señor nos exhorta a no temer. Mas, honestamente, ¿cuántos de nosotros nos mostramos serenos y confiados frente a las circunstancias adversas de la vida personal o social, frente al futuro económico y político? ¡Dios actúa!
Quien cree en Cristo no teme nunca, simplemente porque se apoya en Cristo, porque sabe de quien se ha confiado. De la Iglesia se dice que pronto va a desaparecer y muchas otras miles de cosas negativas, pero ese mismo disco se viene repitiendo desde los comienzos de su existencia y la Iglesia continúa viva y palpitante, renovada y siempre joven, dirán algunos que “asistiendo al entierro de sus enemigos”. La experiencia huele a triunfalismo, pero es Cristo quien triunfa en su Iglesia; el mérito no es nuestro, de sus miembros, entre los que nos contamos muchísimos pecadores, “necesitados de purificación”.
Quien cree en Cristo no se deja impresionar o sorprender por una novela o una película, por ningún manuscrito apócrifo —no inspirado por Dios mucho menos que lo eleve a la categoría de “sagrado” o lo equipare con los Santos Evangelios. Sabe que Cristo es Dios y nada ni nadie le hará dudar de su divinidad. Cree que Cristo fundó su Iglesia sobre San Pedro, como consta en la Sagrada Escritura y en la sagrada Tradición de la Iglesia, y no que Constantino…
El cristiano no teme lo que se diga en contra de la Iglesia, pues si la Iglesia no fuera de Dios hace muchísimo tiempo que hubiera sido vencida por la ferocidad de sus poderosos enemigos, pero como viene de Dios… ¡no hay fuerza humana ni infernal que pueda vencerla! Porque “quien cree en Cristo, no temerá nunca jamás”.