El lunes 17 de abril del año en curso, por primera vez, el precio del petróleo superó los 70 dólares el barril.
La novedad —ni tan novedad—, de este fenómeno ha sido que, en comparación con otros períodos, los precios crecieron este año, a pesar que las reservas de petróleo en los Estados Unidos, principal mercado consumidor del mundo, alcanzó su nivel más alto de los últimos ocho años.
Esto, por supuesto, rompió la inveterada y casi mecánica oscilación, hacia arriba y/o hacia abajo, de los precios del petróleo que experimentaban baja cuando aumentaban las reservas del principal consumidor mundial del oro negro.
Esta nueva situación de precios e inventarios en aumentos, simultáneos la determina no solamente las dificultades que ha mostrado el suministro — en parte por el permanente estado de guerra, en el Medio Oriente, y la megademanda que presenta la industrialización de China Continental e India —sino, más bien, el hecho que, los precios del petróleo se mueven, con mayor frecuencia, por la participación creciente de los fondos de inversión, en el mercado petrolero, los cuales han pasado a 100,000 y 120,000 millones, en el mercado de materias primas, que representa más del doble de lo colocado, en los últimos tres años.
En economía, cuando se permite que en el orden de prioridades la demanda desplace a la oferta, el resultado es una economía inactiva y poco creativa, inflación y declinación de la productividad.
Lo que empuja que los fondos de inversión se orienten hacia el mercado petrolero es el supuesto generalizado que la demanda por el petróleo continuará in crescendo. Además, se afirma que el suministro de petróleo será cada vez más escaso; en parte, provocado por factores tales como el permanente conflicto entre Occidente e Irán, por el programa nuclear de este último, aunado a la grave crisis política en Nigeria y, muy particularmente, al aumento de la actividad económica global.
Al igual que en los años setenta, cuando surgió el fenómeno de la “estanflación”, ¡no podían creer que con estancamiento hubiese inflación!, hoy deben haber muchos gurús que se pregunten y azoren al observar atónitos que los flujos financieros hayan desalojado en importancia a los niveles de reservas; o que la relación entre los precios del petróleo y los niveles de reserva de la norteamericana anglosajona haya dejada de existir. ¡Catástrofe estratégica!
El autor es economista