- Mirna Bravo es presidenta de Los Pipitos y una madre de lujo
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Mirna Bravo Sevilla es una mujer sencilla, de 52 años. Nació en Santo Tomás, Chontales. Hace 10 meses, la Asociación de Padres de Familia con Hijos con capacidades diferentes, Los Pipitos de Nicaragua, la convirtió en su presidenta.
Para Bravo, el año 1972 fue de mucho dolor. Las pérdidas económicas y humanas a raíz del terremoto en Managua y el nacimiento de su hija Verónica, la marcaron.
Mirna Bravo salió embarazada a los 19 años. En ese entonces, en su comunidad no existían grupos de orientación en salud reproductiva y violencia intrafamiliar. A Mirna le prescribieron medicamentos que afectaron la salud de Verónica. Además, sufría de violencia intrafamiliar.
Esta madre jamás imaginó que la agresión física y sicológica a que la sometía su pareja de ese entonces, perjudicaría su embarazo. Todas las decisiones equivocadas que rodearon el desarrollo fetal de su hija provocaron que naciera con deficiencia intelectual y problemas motores.
Mi vida no fue fácil. Después de que mi Verónica nació, observé su salud muy frágil. Se enfermaba de amigdalitis, le daban fiebres altas, hasta convulsionó una vez. Era bien nerviosa e insegura. Le costaba caminar. Recibí muchas críticas. Me sentía culpable, recuerda Mirna Bravo. Ya para entonces estaba separada del papá de su hija.
El tiempo, la fragilidad y ternura de Verónica le enseñaron a Bravo a ser cada día mejor mamá. No hizo falta que dijera lo sensible y amorosa que es porque su tono de voz, sus gestos y su carisma lo evidencian.
Ahora me considero una mujer muy querida de Dios. Mi Verónica es un regalo que Dios le hizo a mi familia, es mi maestra, me ha enseñado a ver la vida como un reto, donde no todo está hecho, ni todas las personas somos iguales, dice.
A través de personas como mi Verónica, nuestro Señor Jesucristo da más humanismo a la sociedad, dice esta administradora de empresas, casada con el pintor Augusto César Nicaragua, con quien procreó tres niñas, ahora de 23, 19 y 18 años y un varoncito de 11 años.
Cuando Verónica tenía 19 años, Bravo se integró a la familia de Los Pipitos, en Juigalpa, Chontales. Para ninguna de las dos fue tarde porque hoy, Verónica se ha desarrollado en artes manuales y no tiene miedo de platicar en público.
Bravo es una mujer precabida, desde ya ha decidido que cuando ella falte, su pipita estará bajo los cuidados de su hija Mirna. Por fortuna, para eso falta mucho y ese tiempo lo aprovechará para dedicarse a muchas personas con capacidades diferentes que necesitan ayuda.