La madre es celebrada desde muy antiguo en las diferentes culturas. Los griegos celebraban a Rhea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Los romanos hacían la fiesta de la Hilaria en honor a la diosa madre y los cristianos antiguos adoptaron la celebración en honor a la Virgen María, la madre de Jesús. Modernamente, la celebración del Día de la Madre comenzó en Inglaterra en el siglo XVII (“Mothering Sunday”) y en EE.UU. en el siglo XX. Luego, se fueron agregando otros países hasta que el Día de la Madre se extendió por todo el mundo. La fecha exacta de celebración varía de un lugar a otro pero la mayoría de países lo hace en mayo, porque es el mes de la primavera. En Europa es el primer domingo de mayo; en los EE.UU., el segundo domingo de mayo; en México, el 10 de mayo; en República Dominicana, el cuarto domingo de mayo; en Nicaragua, el 30 de mayo, etc. Algunas excepciones son: Bélgica y Costa Rica (agosto); Albania (marzo); Argentina (octubre); Francia (junio); Indonesia y Panamá (diciembre) y Noruega (febrero).
De todas las vocaciones de la mujer, la de madre es la primordial. De todas las ocupaciones que realiza un ser humano, la crianza de un hijo es la más importante. El ministerio de la maternidad es una de las tareas más difíciles que le están asignadas a un ser humano. Se necesita desarrollar habilidades de sicóloga, de maestra, de enfermera, de negociadora, de electricista, carpintera y hasta de fontanera. Se requiere de una fuente inagotable de energía, de una masiva cantidad de paciencia, de una voluntad de hierro y de entender que si se enferma debe mejorarse antes de que lleguen los niños de la escuela.
Una vez pidieron a 600 estudiantes universitarios que escribieran la más bella palabra de su idioma y 442 de ellos escribieron la palabra “madre”. A veces vemos en los periódicos o en la televisión historias de malas madres que hacen cosas malas a sus hijos, como abortarlos o abandonarlos. Pero estos son casos excepcionales. La mayoría de las madres son buenas y hacen lo que es mejor para sus hijos.
Para los creyentes, Dios capacitó a la mujer física y emocionalmente en la gran responsabilidad de ser madre. Al respecto la Biblia dice: “Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima, el fruto del vientre” (Salmo 127:3). En efecto, ser madre es más que simplemente dar a luz. Implica la crianza y la educación, especialmente en los primeros años de la vida del infante que es cuando se forma el carácter y la personalidad. Por eso, muchas madres toman la sabia decisión de dejar de trabajar por algún tiempo después que dan a luz para dedicarse por completo a estar cerca de sus niños durante ese tiempo tan crucial.
Pero la importancia de la madre sigue vigente a través de todas las etapas de la vida. Cuando los niños llegan a la difícil etapa de la adolescencia tienen necesidad de comprensión, de paciencia, de dirección y la madre está ahí para escuchar y aconsejar. Luego, los adolescentes se hacen adultos jóvenes y se casan y aún después de casados, buscan la sabiduría de la mujer que les dio la vida y que siempre tiene a la mano una palabra sabia que les pone en la dirección correcta.
En la actualidad se critica que la celebración del Día de la Madre se ha comercializado. Pero está bien que cada persona rinda homenaje a su madre como quiera y pueda. Nadie puede ni debe ser obligado a hacerlo de una u otra manera. Quienes quieren y tienen la posibilidad de obsequiar un objeto material a su madre, es su voluntad y derecho hacerlo. Otros las festejan con reuniones familiares e inclusive con expresiones sentimentales, espirituales e inclusive religiosas, como una misa, un culto o una plegaria.
Lo importante es que todas las personas que aman a sus madres celebren este día con regocijo y liberalidad, y si ya no existen que mantengan vivo su recuerdo. Todas las personas de bien tienen que guardar un reconocimiento imperecedero a sus madres, que atendieron y siguen atendiendo el sabio consejo del Proverbio: “Entrena al niño en el camino en que debe andar y cuando envejezca no se apartará de él”.