- Bush debe involucrarse en cabildeo, dicen analistas
James Sensenbrenner, el promotor del represivo proyecto de ley sobre inmigración en la Cámara de Representantes, dijo el viernes que la audiencia de armonización con la propuesta aprobada por el Senado la víspera, será sumamente difícil “porque ambas iniciativas miran hacia lados opuestos”.
“Están contrapuestas en 180 grados”, afirmó Sensenbrenner hablando sobre el proyecto que el Senado aprobó el jueves.
Indicó que la conferencia de los negociadores se presenta sumamente difícil como para adelantar fecha de un acuerdo.
La reforma migratoria amplia aprobada el jueves prevé la legalización de unos nueve de los 12 millones de indocumentados que residen en el país, además del aumento de la seguridad fronteriza y el otorgamiento de 200,000 nuevas visas de trabajo temporarias por año.
“Esa es una amnistía”, dijo Sensenbrenner en una rueda de prensa en el Capitolio.
Pero ese plan se opone radicalmente al proyecto de ley votado por la Cámara de Representantes en diciembre pasado (HR 4437), que se limita a reforzar las fronteras y a criminalizar a los indocumentados, así como a quienes los ayuden y empleen, sin mencionar su legalización ni programa alguno de trabajadores temporarios.
El proyecto de la Cámara baja sienta las bases para una represión masiva de indocumentados a partir de su calificación como delincuentes por el solo hecho de estar ilegalmente en el país.
Sensenbrenner dijo que con el proyecto senatorial temía que pudieran repertirse los errores de la ley Simpson-Mazzoli de 1986, que declaró amnistía abierta para todo indocumentado pensando que esa sería la solución al problema.
“Pero hemos visto que el problema se ha agravado y el flujo de inmigrantes ilegales a Estados Unidos se ha incrementado”, declaró.
“Lo que necesitamos es, primero, resguardar la frontera y terminar con la atracción del empleo barato en Estados Unidos, que es lo que trae a muchos inmigrantes ilegales hacia nuestro país y, segundo, decidir qué hacer con los requerimientos laborales de la economía nacional que no pueden ser cubiertos por estadounidenses o por personas que ya estén aquí viviendo legalmente”, agregó.
El único capaz de cerrar la brecha entre republicanos moderados y radicales enfrentados sobre el asunto es el propio presidente George W. Bush, indican legisladores, analistas y defensores de inmigrantes.
“Es crítico que el presidente Bush utilice su capital político en esto”, dijo a la AFP Louis DeSipio, experto en asuntos hispanos de la Universidad de California en Irvine.
“La comisión de conferencia (entre las dos Cámaras) sólo logrará un acuerdo si está sometida a presión política, y ésta vendrá de dos lados, de los votantes y del presidente Bush. (Su presión) será particularmente importante para republicanos moderados en la Cámara de Representantes que apoyaron la HR 4437, porque no había una alternativa”, añadió.
Otras fuentes legislativas dijeron que el proyecto final que pasará a la oficina del presidente Bush para convertirse en ley debería estar listo antes del receso de verano que empieza a fines de julio.
El líder de la minoría en el Senado, el demócrata Harry Reid (Nevada), coincidió en que “la única persona con el poder para proteger de manera absoluta el proyecto de ley del Senado es el presidente Bush”.
“El futuro de una reforma migratoria amplia está en sus manos, no en las nuestras. Debe rechazar públicamente la posición de la Cámara baja y decirles que está 'muerta desde el inicio'”, opinó.
Pero la tarea será sumamente difícil.
“El Presidente envió a Karl Rove (su principal asesor político), a la conferencia republicana, esta semana y la semana pasada (…) Y (los representantes republicanos) le saltaron encima. Y dijeron que el Presidente no está con el pueblo estadounidense”, admitió Sensenbrenner.