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AP
Si hay algo en lo que España no falla en los mundiales es que sabe ser constante. Decepcionar se ha convertido en algo común para los ibéricos.
En Alemania 2006, la suerte les sonrió con un benévolo Grupo H. Tienen como rivales a un equipo europeo que debuta, otro africano que nunca ha sorteado la primera ronda y al que viene de Asia le llenaron la canasta de goles en la pasada edición.
Por lógica, España debería transpirar si acaso unas cuantas gotas de sudor, pero cuidado.
La Ucrania de Andry Shevchenko fue el primer equipo que logró la clasificación en las eliminatorias europeas, dejando fuera al campeón europeo Grecia, además de Turquía, tercero en Corea-Japón 2002.
Túnez y Arabia Saudita también son incógnitas.
Los dirigidos por Luis Aragonés no se pueden dormir en sus laureles con una Túnez que fue campeona de África.
Es cierto que Arabia Saudita perdió su tres juegos en Corea-Japón, incluyendo una soberana goleada 8-0 ante Alemania, pero ganaron su grupo en Asia y su técnico brasileño Marcos Paquetá trae buenas credenciales como entrenador de selecciones juveniles.
España casi siempre dice presente al pasar la lista de asistencia a los mundiales, y la cita que viene será la duodécima de su historia.
Lamentable, sus resultados dejan mucho que desear y nunca falta la mención de cómo un país con una de las ligas más fuertes y destacadas del planeta sólo puede presumir de un cuarto escaño, que se remonta a 56 años atrás.
España suele llegar a los grandes torneos con cartel de favorito, pero siempre termina con un aterrizaje forzoso de salida. Aragonés quiere acabar con ese estigma y en sus declaraciones proclama un cambio de actitud. Veremos si lo logra.