- Esta es la historia de un matrimonio que ansiaba tener hijos. Por cinco años se sometieron a tratamientos
carísimos para concebir pero no resultaron. Un día
descubrieron el camino que los llevó a su felicidad
Cynthia Argüello tenía 23 años cuando se casó con Franco Cardenal, de 32 años. Como la mayoría de parejas recién casadas, anhelaban tener hijos. Después de un año de intentarlo sin éxito buscaron ayuda médica. El diagnóstico fue desalentador. A Cynthia le diagnosticaron Endometriosis, enfermedad benigna que afecta a las mujeres durante su vida reproductiva, propicia quistes en los ovarios, los cuales dificultan el embarazo. Su esposo también se sometió a pruebas para descartar infertilidad. Se descubrió que tenía bajo conteo de espermatozoides.
Durante cinco años a esta pareja le realizaron tratamientos para que lograran concebir. Uno de los procedimientos fue la inseminación artificial, cuyos objetivos principales son asegurar la existencia de óvulos disponibles, acercar los espermatozoides al óvulo en el aparato genital femenino, mejorar e incrementar el potencial de fertilidad de los espermatozoides. No resultó. Cynthia reconoce que fue un fracaso que los desgastó desde el punto de vista emocional, económico y físico.
Viajaron varias veces a Estados Unidos para buscar otras alternativas médicas. Cynthia reconoce que en aquellos años tenía como Dios a la ciencia, creía que en esta iba a encontrar la solución a la vida, pero en este caso gracias a Dios me equivoqué.
Aunque los pronósticos eran desalentadores, a tal punto que ni siquiera la fertilización in vitro resultaría, Cynthia y Franco persistieron. ¿Cómo vivía esta joven cada fracaso? Sentía como una pérdida, como un aborto espontáneo. Cada vez que me venía la regla y sabía que no había resultado, perdía la ilusión, recuerda. Su último gran golpe fue un 23 de diciembre, por lo que en la víspera de Navidad cayó en depresión.
Apoyo de la pareja
Los varones suelen resistirse a someterse a pruebas de fertilidad, algunas veces por machismo y otras por miedo. Pero este no fue el caso de Franco. Él siempre estuvo dispuesto a hacerse exámenes y nos apoyamos mutuamente, dice Cynthia, quien reconoce que los problemas de infertilidad tensionan la relación de pareja y provocan estrés.
Cynthia describe la infertilidad como algo súper doloroso. La impotencia es un sentimiento recurrente en estos casos y también la pena. Las amistades a veces no nos invitaban a piñatas para no hacernos sufrir, pero nosotros siempre hablamos de nuestro problema con naturalidad, les decíamos que teníamos problemas para tener hijos, nunca fue un tema tabú y la gente nos decía que debíamos ponernos en manos de Dios. Pero en aquellos años Cynthia y Franco eran diferentes. Sólo íbamos a misa si se trataba de un compromiso social.
Ante los intentos fallidos al apoyarse en la ciencia, esta pareja regresó a Nicaragua. Un día asistieron a una misa de acción de sanación ofrecida por el famoso hermano Pablo María. Recuerdan que en medio de la misa dijo: Aquí hay una pareja que no puede tener hijos. Entonces Cynthia y Franco se acercaron al predicador y todos los presentes oraron por ellos.
Cynthia dice que tiempo atrás pedía insistentemente tener hijos, pero en el momento de la oración pidió que si Dios no le daba un hijo, entonces le diera la fortaleza para aceptarlo.
Pocos días después, la mens- truación no llegó. La pareja acudió a un laboratorio clínico para obtener una prueba de embarazo. El 28 de mayo les entregaron un resultado positivo. Ese fue el mejor regalo del mes de la madre, recuerda Cynthia.
El embarazo requirió mucho reposo y era considerado por los médicos como producto valioso. Su hija nació por parto natural completamente sana cuando Cynthia tenía 29 años.
Al conocer el sentimiento de padres esta pareja intentó tener otro hijo. La mala noticia llegó. Durante su primer parto el útero de la madre quedó en retroversión. El útero en retroversión sólo se relaciona con esterilidad si está inmovilizado por una enfermedad inflamatoria pélvica o endometriosis, recordemos los antecedentes de Cynthia.
Ya para entonces Cynthia y Franco eran parte de grupos de oración. Leían la Biblia y acudieron nuevamente donde el hermano Pablo María, con quien acompañados de otras personas en una casa, oraron por un segundo embarazo.
En ese momento sentí un fuerte calor que iba recorriendo el área de mi vientre, recuerda Cynthia. Entonces el hermano Pablo María les dijo que tendrían gemelos. Poco después fueron al aeropuerto a dejar al religioso, donde casualmente se encontraron con el ginecólogo de Cynthia, quien recuerda que el hermano Pablo María le dijo al conocerlo: Acabamos de orar por ella y va a tener gemelos. Ella recuerda que el ginecólogo sonrió incrédulo y le dijo: Con uno es suficiente. Cynthia tampoco creyó en el anuncio.
Yo pensé: ¿cómo voy a quedar embarazada de gemelos si yo no puedo tener hijos? Quinces días después, como para probar la fe, acudió al médico que sorprendido le anuncio que su útero estaba en posición normal, un mes después estaba embarazada. El primer ultrasonido reveló embarazo de gemelos. Hoy este matrimonio tiene dos lindas gemelitas.
Esta familia planifica con métodos naturales, los aprobados por la Iglesia Católica. Para espaciar los embarazos recurren al método de moco cervical y ritmo.
Agradecer
Franco recuerda cómo sus amistades le solían decir que se iba a perder su apellido porque sólo tenían hijas y no hijos. En esos momentos yo sólo recordaba cuando no podía tener ni una hija. Soy una persona agradecida con el Señor y si quiere enviarme cinco hijas más lo agradeceré. Sin pedirlo ni esperarlo el varón llegó.
Samuel fue un regalo de Dios, dice Franco. Esta pareja recuerda cómo a las tres de la madrugada de un día, Cynthia despertó con la necesidad de leer la Biblia, escogió un pasaje al azar, se trataba de Samuel. La mamá de Samuel se llamaba Ana y tenía problemas de infertilidad, el cántico de Ana es la petición que hace al Señor de que la deje tener un hijo. Ana le ofrece ese hijo llamado Samuel, relata Cynthia.
Yo sentí que el Señor me decía que si me daba un varón le pusiéramos Samuel y se lo consagráramos. Así fue. Cuatro meses después supieron que Cynthia esperaba un varón.
Por la vida
El Señor utilizó el problema de infertilidad de nosotros para que lo conociéramos, asegura Cynthia, quien trabaja en la organización Casa de Vida, que ayuda a mujeres en dificultades a desistir de abortar. Desde su fundación hemos salvado 560 vidas, destaca.
En Casa Vida existe un programa residencial en el que se le da acogida a mujeres en necesidad durante los nueve meses de embarazo y dos meses de postnatal. Se les brinda apoyo psicológico, ginecológico y terapia ocupacional. Además, cuenta con el programa radial Dios da la vida, en Radio María, los martes, de nueve a diez de la mañana. Casa Vida tiene el teléfono 270-0301.