El reto de ciencia y tecnología

Esta semana publicamos en las páginas de Opinión de LA PRENSA un artículo (Construyendo la cultura científica) del doctor en Biología Molecular, Jorge A. Huete Pérez, en el que éste informó que en Nicaragua “en investigación invertimos proporcional al PIB cinco veces menos que el promedio de América Latina y diez veces menos que Brasil. Hasta hemos quedado fuera de los análisis por indicadores porque el país ni siquiera ha cuantificado sus recursos técnicos”.

Al respecto, a principios de mayo corriente el columnista del periódico norteamericano El Nuevo Herald, Andrés Oppenheimer se refirió a un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el que se deja claro que Latinoamérica “se está quedando atrás del resto del mundo en casi todas las categorías de educación, ciencia y tecnología”. Según el informe del BID analizado por Oppenheimer, “los 32 países de América Latina y el Caribe juntos gastan US$11,000 millones al año en investigación y desarrollo de nuevos productos”, lo cual es “menos de lo que se invierte en un solo país asiático: Corea del Sur”.

Ahora bien, el hecho de que Latinoamérica y el Caribe gasta anualmente 11 mil millones de dólares en esos rubros, no significa que cada uno de los 34 países que la integran invierta anualmente 323 millones y medio de dólares en educación, ciencia y tecnología. De ninguna manera. Como aclara Oppenheimer, “el 70 por ciento de la investigación de la región es realizada por apenas tres países: Brasil, la Argentina y México”. Y según el artículo del doctor Huete Pérez, la inversión de Nicaragua en esos rubros es cinco veces menor que el promedio latinoamericano, en relación al Producto Interno Bruto y, proporcionalmente al PIB también, diez veces menos que Brasil. Y vale la pena aclarar también que la inversión de Brasil en ciencia y tecnología, en relación con su PIB, es menos del uno por ciento, en tanto que China invierte aproximadamente el 1.4 por ciento de su PIB.

“En otras palabras —asegura Oppenheimer—, mientras que el resto del mundo se mueve hacia la economía del conocimiento —en la que una patente de software suele ser más rentable que millones de toneladas de materias primas—, la mayoría de los países latinoamericanos siguen dependiendo de la exportación de petróleo, soja y otros productos primarios”.

Es importante reflexionar sobre estos datos, ahora que el país se está involucrando en tratados de libre comercio internacional, como el DR-Cafta, que ofrecen ilimitadas oportunidades a la economía de Nicaragua pero también plantean inmensas responsabilidades como las de elevar la calidad del trabajo y la educación, impulsar el desarrollo tecnológico y científico, mejorar la eficiencia administrativa gubernamental y empresarial, así como garantizar la transparencia, la estabilidad política e institucional y la seguridad jurídica.

Y por cierto que este reto de invertir para el desarrollo de la educación y la investigación técnica y científico, con el fin de elevar la capacidad competitiva de los productos, bienes y servicios nicaragüenses, así como para ampliar su oferta, ponen más en evidencia lo ridículo de la propuesta de abandonar el DR-Cafta y los TLC en general para sumarse al Alba de Hugo Chávez y Fidel Castro, que es un proyecto para vivir siempre atrasados y pobres, y enfrascados en un permanente conflicto ideológico, político y militar con Estados Unidos que es precisamente donde está el más grande, rico y promisorio mercado para Nicaragua.

El investigador científico nicaragüense Jorge Ulises Huete Pérez, señaló en su artículo publicado en LA PRENSA que “el abandono crónico y falta de compromiso político de los tomadores de decisión en asuntos de la ciencia nos coloca en franca desventaja en el contexto de los tratados comerciales”. Y criticó “la falta de lucidez y visión de los políticos, quienes nos condenan al atraso en materia de educación y ciencia”.

De modo que ahora que estamos en campaña electoral es oportuno que los candidatos a Presidente de la República y diputados se pronuncien acerca de este problema estratégico para el desarrollo socioeconómico y cultural. Daniel Ortega y el FSLN ya se amarraron con Hugo Chávez y Fidel Castro para ofrecer la alternativa de la pobreza, el atraso y el conflicto permanente, que significa el Alba. Y los políticos democráticos, ¿qué dicen y qué proponen para promover la inversión y el desarrollo de la educación y la investigación técnica y científica?

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí