El Código Da Vinci

Hay que evitar confusiones. El Código Da Vinci es una novela de ficción. Nada más. Según lo ha explicado el autor, su intención no era enseñar historia teológica sino vender un libro cuya trama nació en su imaginación y que acompañó con algunos hechos históricos selectivamente escogidos.

El Código Da Vinci refleja especulaciones por largo tiempo existentes con respecto a la naturaleza de Jesús y la relación con sus discípulos, incluyendo a las mujeres que le seguían, como las hermanas de Lázaro, María Magdalena y otras. Pero el mismo autor de la controvertida obra, el norteamericano Dan Brown, lo ha dicho en su prefacio. Los hechos contenidos en su libro no son históricos, no se corresponden con la realidad. Por lo tanto, se debe leer como se leen las obras de cualquier otro autor de ficción.

Sin embargo, muchas personas perciben o entienden que esta ficción ha sido escrita con la deliberada mala intención de inquietar al mundo cristiano y explotar su celo religioso para vender, y si es así, lo ha logrado. La novela especula sobre una supuesta conspiración de la Iglesia católica para mantener escondido el hecho de que Jesús se casó con María Magdalena y que el mito de su divinidad fue incluido en la Biblia en el Concilio de Nicea celebrado en el 325 AD, por el emperador romano Constantino. Nada más disparatado desde el punto de vista histórico. Todos los evangelios canónicos fueron escritos en el primer siglo y ninguno de ellos pone en tela de duda la divinidad de Jesús. Al contrario, documentos como el evangelio según San Juan fueron escritos para demostrar que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, precisamente debido a un incipiente movimiento gnóstico que ya negaba la doble naturaleza de Jesús a finales del primer siglo. Esta herejía pasó al segundo y tercer siglo y el Concilio de Nicea lo único que hizo fue poner por escrito lo que era, desde el principio, una convicción aceptada por la abrumadora mayoría del cristianismo, esto es, que Jesús es al mismo tiempo Dios y hombre.

Por otro lado, la idea de un Mesías divino (del hebreo, Meshiaj: ungido, escogido; equivalente al griego Cristós) fue comunicada 800 años antes de Cristo por el profeta Isaías (Isaías 52-53). Esta idea tomó fuerza en el contexto de la caída de Israel a manos de los Asirios (s. VIII a.C.) y, luego, de Judá a mano de los babilonios (s. VI a.C.). Dios prometió enviar un campeón descendiente de David que restauraría el reino de Israel a su antigua grandeza. Cuando Jesús nació, la expectativa de ese Mesías había crecido mucho debido a la opresión del imperio romano sobre los judíos. Por esta razón, cuando Juan el Bautista comienza a predicar, las autoridades judías le mandaron a preguntar si él es el Cristo lo cual negó enfáticamente (Juan 1:20, egó ouk eimí ho Cristós: yo mismo no soy el Cristo).

Sin embargo, es comprensible que muchos cristianos se sientan ofendidos porque entienden que la novela de Dan Brown es un ataque frontal contra el fundamento de la fe cristiana. Si Jesús no era divino, su sacrificio no tendría validez, pues la Biblia enseña que era necesario el sacrificio de un Cordero sin mancha para expiar los pecados del mundo. Si Jesús no era Dios sino un simple pecador, tampoco es cierto que resucitó y sin resurrección no hay esperanza de perdón ni de vida eterna. El apóstol Pablo dice: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación; vana es también vuestra fe… todavía estáis en vuestros pecados” (1ª Epístola a los Corintios 15:14,17).

Es por eso que muchos cristianos de todas las tradiciones se han decidido a boicotear la película, ya sea no asistiendo a verla o viendo una película distinta el día de su estreno. Sin embargo, otros cristianos no ven en esta obra una amenaza contra el cristianismo. Algunos, como Richard J. Mouw, presidente del prestigioso Fuller Theological Seminary, instan a aprovechar la ocasión para combatirla a nivel intelectual: “Es muy importante para algunos cristianos al menos ser capaces de participar de una discusión inteligente”, dice. Y es verdad. Las ideas se combaten con las ideas y, la mentira, con la verdad. Después de todo, “la luz, en las tinieblas resplandece”.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí