(La Prensa/U.Molina)

Hamlet más cerca

El Festival Shakesperiano atrajo la atención de niños y jóvenes, esta vez en Pueblo Nuevo con una obra clásica de William Shakespeare: Hamlet, llevada a escena por el grupo Teatro Nuevo [doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El grupo Teatro Nuevo de Pueblo Nuevo viene trabajando desde 1996, pero ha sido en los dos últimos años que […]

  • El Festival Shakesperiano atrajo la atención de niños y jóvenes, esta vez en Pueblo Nuevo con una obra clásica de William Shakespeare: Hamlet, llevada a escena por el grupo Teatro Nuevo
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El grupo Teatro Nuevo de Pueblo Nuevo viene trabajando desde 1996, pero ha sido en los dos últimos años que han trabajado obras de más envergadura en alianza con Movitec que es quien organiza este Festival Shakesperiano, cuyos frutos comienzan a verse en varios lugares del país.

El elenco de la obra Hamlet es el siguiente:

Hamlet:: Yulio Ernesto calero

Laertes: Oswaldo Rocha

Claudio: Ramón Meneses

Gertrudis: Lidieth Acuna

Ofelia: Marianela Videa

El espectro del padre: César Albir

Horacio: Winston Hudiel

Francisco: Luis Flores

Bernardo: Oscar Montalván

Polonio: Jorge Montalván

Monaguillo: Almer Olivas

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Son las 8:00 p.m. en Pueblo Nuevo. El mercado municipal se ha convertido en el escenario amplio y natural donde se presentará la tragedia más impactante de Shakespeare: Hamlet.

La historia del príncipe de Dinamarca, la representará un grupo de entusiastas admiradores del teatro, que dedican su tiempo libre y todo su empeño a hacer realidad un hermoso sueño: crear un público que disfrute con el arte de la representación.

La misión es titánica pero no imposible, aún no comienza la función y los pobladores arriban con sus sillas para ocupar un lugar preferencial y ver el espectáculo que ha sido anunciado por el perifoneo local

Hay un hermoso ambiente festivo y los niños sobre todo se muestran impacientes por vivir la magia del teatro.

A mi lado un chavalito cuenta que ya hubo una función previa, y llegaron como 600 personas, para un pueblito de 3 mil habitantes es una cifra respetable, y hoy asistieron más de 500. Cuando le pregunto sobre el argumento de la obra responde que “salen unos vestidos de judíos y se pelean con unos machetes”.

El director del grupo Teatro Nuevo, Yulio Ernesto Calero cuenta que entre los miembros, hay actores que salen en la Judea del pueblo, de ahí la asociación de mi interlocutor.

Se apagan las luces e inicia la obra, los chavalitos, gritan y huyen despavoridos, una marioneta que simula el espectro del padre de Hamlet, ha causado tal revuelo. Pese a los reclamos de los organizadores, la gente actúa indisciplinadamente. E impiden que se puedan ver las escenas que se desarrollan en los otros espacios del mercado, como en los jardines o frente del cementerio que colinda con el escenario principal.

Hay unos perros deambulando y cruzan muy tranquilos por el proscenio, el público ríe, las carcajadas cubren la noche, en su vivencia hay motivos para reírse.

Hamlet se debate, muy concentrado en su inmenso conflicto, pero los obstáculos que debe vencer como actor son tan arduos como los de su personaje. Un borrachito atraviesa de un extremo a otro el espacio escénico, hace su recorrido como en cámara lenta, de momento pareciera que es parte de la representación, pero al oír las protestas y chiflidos, uno se percata que no es ficción, sino realidad, un surrealismo tropical que trae ahora una guerra de bolsas de agua, una oleada de personas se traslada hacia atrás por temor a ser mojados.

Sin embargo, nadie se marcha, son las 9:30 p.m. la obra no concluye y todos están atentos, salvo alguno que otro silbido de admiración a la reina Gertrudis que interpreta Lidieth Acuna o los gritos de la barra que anima al eskimero del pueblo que interpreta con mucha seriedad su papel.

Comienza la escena final, las muertes se suceden unas tras otras pero acá nadie se espanta, sólo en la escena del duelo de Hamlet con Laertes, donde los actores usan machetes que sacan chispas del adoquinado mientras se trenzan en intercambios de golpes de acero que restallan en medo del silencio. Al fin se ve a los niños más calmados, observan con atención, arrimados a las piernas de sus madres, mientras las luces se extinguen y parece que al fin y al cabo en Pueblo Nuevo están viendo por primera vez una obra del repertorio universal, cuya trascendencia es extraordinaria y el milagro se ha hecho, aunque con inconvenientes, y hay disfrute estético y placer entre los concurrentes que aplauden a los actores, mientras cada quien recoge sus sillas y marchan entre risas y comentarios hacia sus hogares.

Definidamente con el elevado sentido del humor que tienen en Pueblo Nuevo sería conveniente ir pensando en montar Las alegres Comadres de Windsor o La Fierecilla Domada para que Shakesperare siga señoreando por estas tierras pinoleras.

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