EL ESTILO DE RICARDO MAYORGA —SI ES QUE TIENE UNO— ES EMBESTIR a sus oponentes, como lo hizo en esta pelea contra Vernon Forrest, a quien sacó de foco desde antes del combate y luego lo azotó en el ring para despojarlo de la corona. (LA PRENSA/ ARCHIVO )

SERÁ UN SHOW DE FURIA

[doap_box title=»¿Quién ganará?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Es difícil atreverse a elaborar un diagnóstico, sin pautas definidas, sin pistas claras, sin una idea precisa sobre el Oscar De la Hoya que podemos ver después de tanto tiempo inactivo. Mucho menos revisando lo ocurrido con Sturm y Hopkins, viendo un Oscar borroso, desajustado y golpeado. ¿Cómo puedo suponer […]

[doap_box title=»¿Quién ganará?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Es difícil atreverse a elaborar un diagnóstico, sin pautas definidas, sin pistas claras, sin una idea precisa sobre el Oscar De la Hoya que podemos ver después de tanto tiempo inactivo.

Mucho menos revisando lo ocurrido con Sturm y Hopkins, viendo un Oscar borroso, desajustado y golpeado. ¿Cómo puedo suponer que el 6 de mayo en el MGM de Las Vegas, veremos un De la Hoya diferente?

Enfrentar a Mayorga es un lío para cualquiera, y De la Hoya va a comprobarlo. Necesitará que sus habilidades respondan a la agresividad sin pausas del nicaragüense, con posibilidad de sostenerla el tiempo necesario.

Ahí estarán, De la Hoya, un peleador de larga y brillante trayectoria, ahora ensombrecido, y un tigre hambriento, Mayorga, desordenado, pero menos desgastado, con una actividad más continuada.

Creo en Mayorga, como antes de pelear con Trinidad apoyándome en consideraciones similares. Claro, tengamos presente que tanto Tito como Oscar, salen de un largo retiro después de ser apaleados por Hopkins.

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MAYORGA Y DE LA HOYA EN LAS PUERTAS DEL INFIERNO

La pelea viene hacia nosotros como una gigantesca bola de fuego, abriéndose a especulaciones como las páginas de una novela de Agatha Christie, llena de intrigas. La emoción, el drama y el suspenso parecen garantizados, pero ¿qué hay de la espectacularidad? ¿serán capaces Ricardo Mayorga y Oscar De la Hoya de garantizar un show de furia?

Recuerdan Tito Trinidad vs. De la Hoya hace ocho años. Todos estuvimos crispados siguiendo con incontrolable ansiedad cada movimiento, cada amague, cada gesto, cada disparo, y atravesamos por ese drama de 12 asaltos, con nuestros corazones agitados como volcanes rugientes, sin embargo, fue tan poco lo ofrecido en espectacularidad, que salimos frustrados esa noche del Mandalay Bay.

¿Ocurrirá lo mismo ahora?

Pienso que no. Mayorga puede empujar a De la Hoya a tomar riesgos y forzar una pelea intensa, friccionada, con las luces rojas encendidas, es decir un show de furia.

Durante mucho tiempo, fue un privilegio ver pelear a Oscar De la Hoya. Su jab izquierdo, rápido como un signo de taquigrafía y muy preciso, como si estuviera siendo guiado por un radar; sus combinaciones de golpes, fulgurantes; ese manejo acertado de los ángulos y las distancias; sus piernas respondiendo con prontitud a los dictados de su cerebro para sacarlo a tiempo de la zona roja y permitirle regresar con arremetidas desequilibrantes, firmes y seguras.

Pero el tiempo ha pasado y Oscar no debe estar tratando de engañarse sobre sus habilidades disminuidas. Lo vimos como un “desconocido” frente a Felix Sturm, un peleador sobrio y efectivo, pero sin ese “extra” que identifica a los que trascienden; y más adelante, se mostró “empequeñecido” retando el poder de Bernard Hopkins.

Ese De la Hoya retorciéndose en el piso, dando la impresión de ser atacado por una descarga eléctrica, y luego golpeando la lona con sus puños, intentando inútilmente ser algo expresivo en medio de un desenlace difícil de entender, dejó un sabor amargo.

Hoy, 18 meses después de esa estrepitosa derrota, buscando como reconstruirse para un cierre de carrera que borre lo grotesco, De la Hoya sale del closet, vuelve a someterse a un fuerte adiestramiento, y regresa a las brasas para cambiar metralla con el impetuoso Ricardo Mayorga.

¿Qué es lo que queda de Oscar de la Hoya?

Ese es un misterio tan grande, como descubrir al asesino en el Expreso de Oriente. No hay alguien con una idea clara sobre esto. Posiblemente ni el propio Oscar.

Ricardo Mayorga es una fuerza de la naturaleza. Un temerario que encogería sus hombros sin fruncir el ceño, si le dijeran que van a caer un par de granadas a la orilla del sitio en que se encuentra.

Es tan imprevisible, que nunca se somete a ningún plan de acción, porque tanto él como la gente de su esquina saben que es inútil. Mayorga en todo instante se dejará llevar por el instinto, y sus ejecuciones de golpes, pertenecen a nuevas variantes de una geometría enloquecedora.

Como tiene una capacidad de asimilación extraordinaria, puede sobrevivir a bombardeos escalofriantes. Trinidad lo destrozó, pero desgastándose en la realización de una ofensiva devastadora, con la multitud atrapada por el asombro. No podían creer que se pudiera ser tan resistente y persistente como lo fue Ricardo.

¿QUIÉN TIENE EL CORAZÓN MÁS GRANDE?

La más exigente prueba de agallas ofrecida por Oscar De la Hoya, fue en su pelea con Ike Quartey. Una ecuación complicada aún para Pitágoras, y por supuesto, para De la Hoya.

¡Qué dolor de cabeza! ¿Cómo pelearle a Quartey? ¿cómo llegar hasta él, escapando a esa izquierda amenazante por su rapidez? ¿cómo poder ser lo suficientemente agresivo sin abrir tanto la guardia y quedar expuesto a contragolpes peligrosos? Oscar De la Hoya y sus seconds nunca trabajaron tanto en los minutos de descanso entre cada asalto, como en esa ocasión. La fórmula neutralizadora no aparecía, y era necesario recurrir a ciertos artificios.

Esas caídas del sexto round, una por cada lado, consecuencia de golpes nítidos a través de espacios prefabricados y las rápidas reacciones, fueron un indicativo de lo equilibrado del combate en vigor, recursos, astucia y riesgos. ¡Y qué decir de ese final lleno de atrevimiento y efectividad realizado por un De la Hoya espoleado por la desesperación, peleando a corazón abierto! Pero eso, ocurrió el 13 de febrero de 1999, hace mucho tiempo.

Mayorga es un mastica-brasas, y lo disfruta. Para el gladiador pinolero, cada pelea es una guerra, y no tiene piedad ni de sí mismo. Lo ha demostrado reiteradamente derrochando bravura.

No esperemos en esta ocasión un Mayorga tan imprudente, para exponer su rostro impunemente a los golpes del adversario, como lo hizo con Vernon Forrest y Tito Trinidad. Sólo lo haría, en caso de estar dominando el combate con una claridad imprevista, inutilizando a Oscar. Y digo esto, porque no resistiría la tentación.

¿Quién más agresivo?

Mayorga sin duda. Posiblemente lo veremos saltar sobre De la Hoya apenas suene la campana del primer round. Uno piensa que Ricardo va a proponer rápidamente, un ritmo intenso, asfixiante, si dispone de una consistente condición física, algo que siempre lo ha caracterizado.

Obviamente, De la Hoya tendrá que trabajar con cautela, buscando como manejar el tiempo y el espacio, en un intento de captar lo que el combate en progreso puede ofrecerle. Para poder lograr eso, debe sujetar los desbordes de Mayorga y evitar desarticularse. Las repeticiones de los vídeos Mayorga-Forrest, y el de Mayorga-Spinks, son muy útiles para este estudio, aunque no garantizan conseguir el antídoto, porque el pinolero funciona como torbellino.

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