El poeta boaqueño Flavio César Tijerino Fajardo, fallecido en enero de este año.

Flavio César en el recuerdo

En Boaco. Desde la azotea del monumento —decían que construido con la sangre de los héroes de Olama y Mollejones— el paidós popular, sempiterno y ahora eterno llamado Flavio César Tijerino, enseñaba a través del método activo ideado por el brasileño Paulo Freire, a uno de los grupos de jóvenes que en la década de […]

En Boaco. Desde la azotea del monumento —decían que construido con la sangre de los héroes de Olama y Mollejones— el paidós popular, sempiterno y ahora eterno llamado Flavio César Tijerino, enseñaba a través del método activo ideado por el brasileño Paulo Freire, a uno de los grupos de jóvenes que en la década de los sesenta tuvimos el privilegio de ser sus discípulos, pues este maestro de la conciencia crítica moldeó a varias generaciones de estudiantes, de trabajadores, de mujeres y hombres que recibieron de él su savia y sus valores. Además de sus virtudes personales, derramaba a su derredor sapiencia y madurez en las lecciones de vida, que desde una cosmovisión nacida de sus testimonios, generosamente compartía con quienes él mismo escogía como recipiendarios de su fe, su práctica y su afán de perennizar su cristianismo.

Contestatario, cuestionador de dogmas y siempre en la búsqueda de la justicia y la verdad, su vida transcurrió entre el arte, la filosofía y la política, entendida ésta como el arte del bien común, pues su militancia partidaria le puso en la década de los cincuenta como uno de los pioneros del social-cristianismo en Nicaragua. En su educación formal le fueron inculcados principios y valores de la Iglesia Católica….él se definió hasta el último momento de su vida como un católico, apostólico y romano, aunque quienes le conocimos sabemos que en su práctica abrazó e impulsó la Teología de la Liberación, lo que demuestra que sintetizó en una relación dialéctica elementos que se suponen contradictorios y aun, antagónicos.

Flavio resultó ser una paradoja viviente pues aunque todos sus caminos lo llevaban a una praxis ortodoxa, rompió moldes, prejuicios y esquemas para, saltando dialécticamente, situarse siempre como un verdadero hombre de vanguardia (no del “van para guardia”), asumiendo integralmente las consecuencias de su pensamiento a través de actos políticos innovadores, creativos y de hombría.

Lo recuerdo trabajando para concienciar a los jóvenes sobre los riesgos del acomodamiento institucional al somocismo, lo mismo que convertirse muy rápidamente en un abanderado y promotor de las mejores manifestaciones culturales y educativas de la revolución sandinista, para luego con ojo de águila detectar y denunciar los vicios recién nacidos de las nuevas élites y nomenclaturas dominantes, al amparo y en nombre de la revolución.

No se enredó ni se equivocó sobre el destino final del gran sueño que acompañó hasta hastiarse de la mediocridad y las poses, del cliché “revolucionario” que fustigó con energía y originalidad, pues Flavio fue un “originalista” apasionado que sostenía: “No puedo escribir la palabra ángel, ser espiritual, celestial, alado…..con la “g” con que se escribe general: hombre uniformado, represor y empistolado que es la antítesis del ángel celestial. Como sostuvo junto con sus compañeros del Grupo U que la “h” no se escribiera pues es una letra muda.

En esa lucha permanente entre su cosmovisión y sus paradigmas fue levantando una escuela, un estilo de decir y hacer las cosas que lo ponen como un ente antropomórfico de incuestionable originalidad y digno de admiración.

Hasta los últimos momentos de su vida, algunos de los cuales pude compartir, asumió una preocupación militante por el destino de su última camada de cachorros sueltos, versión boaqueña y tremendamente redimensionada de La Sociedad de los Poetas Muertos, los jóvenes que en diversos momentos le acompañaron en la palabra y el consejo, en la búsqueda de la verdad, la justicia, la estética pero sobre todo de la ética y el amor al prójimo que fue, sin lugar a dudas, la lección actualizada que sembró como un verdadero seguidor de Jesucristo.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí