El Signo
Tengo paz en el hueso y en el ansia.
El aliento diario es la quietud.
Juntos vemos la piedra
y la apartamos.
Juntos el foso oscuro,
juntos el ánjel siempre.
Se designó un crepúsculo,
un poco de comida,
una sustancia.
Determinado el signo,
el ánjel nos convida
haciendo señas en el aire.
Tanteando y auxiliados
vamos hacia un valle,
a vivirnos.
El Signo
Presiento que alguien
ha de venir conmigo.
El aire huele a limpio
y la hierba se rehace mansamente.
Ni con la luna se incorporan
caras y cosas idas.
Y ese que ha de venir
compartirá la estática en que vivo.
Mojaremos la noche con los gritos.
Incorporados, vivos,
y sólo en este campo yermo.
En la tierra de nadie,
los ángeles blanquísimos circulan
o es su sombra apenas.
El Signo
Como si una muchacha
se clavara
lentamente
una espada
en el muslo
y doliéndome,
así amaba yo
y el amor
era espada.
Si Digo Luna
No me siembren de sal este terreno.
No me saquen de aquí,
ánjelmente habitante de mí mismo.
Esta piedra que puse,
este rosal plantado,
este simple alimento:
No los toquen.
Mírenlos tan sólo,
pero pasen de lejos.
Mis brazos se prestarán
para el servicio de ánjel,
para limpiar las caras de los niños.
Lo prometo.
Pero no me cambien
ni una arena, ni un poro.
Así soy.
Me place cómo vivo.
Si digo luna, rosa borbón,
achiote,
quiero decir mi nombre,
el de mi esposa.
¡Caigan crepúsculos morados!
Aquí estoy yo.
¡Bajo la noche estamos!
Armando Incer Barquero (Boaco, 1930). Médico. En 1961 ganó el Premio Manolo Cuadra, convocado por la UNAN con el poemario La Guerra Predilecta. es autor de Huérfano Esquife, Debo la Sed, Breve Historia de Boaco, Con el Sol en la Piel, Ola de Sueños, entre otros. Ha sido profesor de Literatura y fundador del Museo Antropológico de su ciudad. Es promotor cultural y es miembro del Grupo Amigos de la Biblioteca Pública de Boaco Fernando Buitrago Morales.