Responsabilidad empresarial

Se está celebrando en Managua la Cuarta Conferencia de Responsabilidad Social Empresarial, en la que participan unos 350 empresarios de Nicaragua, de los demás países centroamericanos —incluyendo a Panamá— y de otros del Caribe.

El programa de responsabilidad social empresarial se ha venido desarrollando con éxito en el curso de los últimos años, promovida en Nicaragua por la Unión Nicaragüense de la Responsabilidad Social Empresarial (Unirse). Precisamente la celebración de esta IV Conferencia Internacional demuestra el auge y arraigo que está adquiriendo este moderno concepto de visión, misión y acción de la empresa privada.

Según los entendidos en la materia, responsabilidad social empresarial significa que cada empresa conozca apropiadamente su cadena de proveedores y que los ayude a incorporar mejores prácticas; que produzca sin afectar la salud de sus trabajadores y empleados y de la población en general; que aplique métodos de fabricación, distribución y/o servicio —según sea su giro de negocios— que no causen daños al medio ambiente; que mantenga relaciones laborales que maximicen la productividad pero que también mejoren las condiciones de trabajo; y que practique relaciones responsables con la comunidad donde se encuentra instalada, orientadas al mejoramiento de la calidad de vida de la gente.

Sin dudas que la responsabilidad social empresarial es de mucho beneficio para la sociedad. Pero también las empresas que actúan de acuerdo con ese principio, consiguen grandes beneficios agregados, por ejemplo al disponer de empleados mejor preparados y motivados y al competir en mercados más amplios y desarrollados, lo cual conduce a la elevación de las tasas de ganancias que es el alfa y omega de toda inversión y gestión empresarial.

Según los promotores de la responsabilidad social empresarial, esta se funda ante todo en el principio del respeto a la ley. Es decir, las empresas que practican la responsabilidad social deben actuar de manera transparente y proactiva, e interactuar con el Estado y la sociedad en la indispensable tarea de erradicar vicios de conducta como la transgresión de las normas, la escogencia del camino del facilismo a cualquier precio y la creencia falsa de que la evasión —de responsabilidades, del pago de impuestos, etc.— es sinónimo y condición de competitividad.

A estas alturas del tiempo, hasta en países como Nicaragua se ha avanzado en el reconocimiento de que la empresa privada es la principal fuerza motriz del desarrollo económico y el progreso social. En la Constitución pro socialista de Nicaragua, como resultado de una reforma que fue fruto de compromisos políticos establecidos después del fracaso de la revolución sandinista y del fin de la guerra civil, se consigna que “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares. Se reconoce el rol protagónico de la iniciativa privada, la cual comprende en un sentido amplio, a grandes, medianas y pequeñas empresas, microempresas, empresas cooperativas, asociativas y otras” (artículo 99 de la Constitución Política de la República).

Sin embargo, las amenazas contra la empresa privada no han desaparecido en Nicaragua. Por el contrario, la nueva ola de populismo autoritario y del llamado “socialismo del siglo 21” —que es alentado desde Cuba y Venezuela y financiado con los abundantes excedentes de dólares que produce el petróleo venezolano— no oculta y más bien proclama con arrogancia sus pretensiones de liquidar o al menos de quebrantar el sistema económico basado en la propiedad privada y el libre mercado. Al sistema capitalista basado en la libertad de empresa y el libre comercio, lo pretenden sustituir con un capitalismo burocrático de Estado, el mismo que ya ha demostrado su inviabilidad y su fracaso con consecuencias catastróficas sobre todo para las clases más pobres de la sociedad, a las que los caudillos del socialismo autoritario supuestamente pretenden beneficiar.

Ante esta situación, el mejor mecanismo de defensa de la libertad económica no es el apoyo de los empresarios a políticos corruptos seudo democráticos, sino el mejoramiento efectivo y visible del sistema de libre empresa. Es en su propio interés que los empresarios deben reconocer que al manejar sus empresas de manera egoísta, alimentan el resentimiento social y favorecen la prédica demagógica de los populistas y socialistas autoritarios. La credibilidad de la empresa privada se debe fundar en una clara e indiscutible demostración de que ella es socialmente responsable y, por lo tanto, indispensable para la creación de una sociedad de prosperidad y libertad.

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