Otra vez quieren imponer la guerra

El Presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez Frías, no oculta que está en pie de guerra contra Estados Unidos y quien quiera que se cruce en el camino de su proyecto continental de “revolución bolivariana” y “socialismo del siglo 21”.

Chávez está gastando enormes sumas de dinero obtenido de la producción petrolera de Venezuela, para financiar la expansión de su proyecto revolucionario y antiestadounidense. Al respecto, un organismo no gubernamental venezolano llamado Centro de Investigaciones Económicas de Venezuela, calcula que Chávez ha gastado más de 3 mil 600 millones de dólares por año, desde 1999, en el financiamiento de su plan expansivo de la “revolución bolivariana”.

El martes de esta semana, durante la firma de un acuerdo de Chávez con alcaldes nicaragüenses, orteguistas y alemancistas, para proporcionarles petróleo al precio internacional pero mediante un crédito favorable y a largo plazo —que supuestamente pagarán los gobernantes y alcaldes que hayan en el país dentro de veinte años—, el dictador venezolano se ufanó de que su estrategia petrolera es parte de una guerra contra Estados Unidos y advirtió a Daniel Ortega que como tal debe manejarla en Nicaragua.

Dos días antes, al proclamar su “derecho” a intervenir en las elecciones nicaragüense con el respaldo de Venezuela a Daniel Ortega, Chávez había explicado la importancia de Nicaragua, por su estratégica ubicación geográfica, para la expansión regional de la llamada “revolución bolivariana” y el “socialismo del siglo 21”.

“Nicaragua tiene una gran importancia, vean ustedes la proyección de Nicaragua hacia el Pacífico y hacia el Caribe, su tamaño, su capacidad de impacto en Centroamérica, su historia, Sandino, su ideología, vayámonos preparándonos porque es parte del avance del Alba” (la llamada Alternativa Bolivariana de las Américas), declaró Chávez con la brutal “franqueza” que caracteriza a los caudillos mesiánicos y totalitarios, como Hitler o Mussolini, Stalin o Mao Tse Tung, Kim Il Sung o Fidel Castro.

Ahora, el martes de esta semana, Chávez reiteró su intervencionismo en las elecciones nicaragüenses y su intención de uncir Nicaragua al proyecto “bolivariano” contra EE.UU., que pasaría lógicamente por la supresión de la libertad y la democracia en los países que caigan bajo su dominio. Además Chávez dejó bien claro que igual que el Che Guevara y Fidel Castro en el pasado, ahora él también pretende imponer su proyecto totalitario por medio de la guerra.

Por cierto que quien busque en los archivos de finales de los años setenta y principios de los ochenta, puede encontrar fácilmente que los mismos razonamientos de Chávez acerca de las ventajas estratégicas de Nicaragua, se usaron en aquel tiempo para justificar la expansión del comunismo soviético-cubano hacia los demás países de la región centroamericana y del Caribe. Eso condujo a la creación de un Estado de corte totalitario, a la militarización de la sociedad, al servicio militar obligatorio y a la guerra que provocó decenas de miles de nicaragüenses muertos y mutilados.

Ahora, Venezuela, bajo la “revolución bolivariana” y el “socialismo del siglo 21” es ya un país militarizado, asociado con el Irán fundamentalista y puesto en pie de guerra contra Estados Unidos. Al lado de las Fuerzas Armadas venezolanas que se han rearmado o están rearmando hasta los dientes, Chávez ha creado la Reserva Militar y la Guardia Territorial, integradas por ex militares y civiles voluntarios que cada sábado reciben una acelerada preparación militar combativa. Se trata de una fuerza paramilitar de fanáticos integrada por más de dos millones de personas, formada por numerosos batallones de reservistas, de voluntarios que ya habían pertenecido a las Fuerzas Armadas o habían hecho el servicio militar, y de activistas del partido político de Chávez. Así lo reconoció un teniente coronel venezolano, Rafael Ángel Faría Villalobos, quien es el comandante de un batallón de reserva que está acantonado en el fuerte Guaicaipuro, en el Estado de Miranda. Y lo mismo que en la Nicaragua de los años ochenta, esa inmensa fuerza militar revolucionaria está siendo armada con equipos bélicos que antes se llamaban soviético y ahora se les dice rusos, particularmente con masivas dotaciones de los afamados fusiles Kalashnikov.

Es la misma situación de paranoia antiyanqui, de militarismo, de servicio militar y de guerra que ya sufrió Nicaragua en los años ochenta, y que el coronel Chávez por medio de Daniel Ortega y compañía quieren imponernos de nuevo.

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